Registr.: Nov 01, 2003 Mensajes: 3922 Ubicación: Tenerife vs Madrid
Publicado: Sab Ene 19, 2008 1:41 pmAsunto: Konrad Oublier
Algo que he escrito esta mañana con algo de resaca, con un aire muy "houellebecquiano"
KONRAD OUBLIER
Unas veces se gana, y otras, desgraciadamente, se pierde. Es una historia demasiado constante, ésta, la de mi vida, y, para mi desgracia, algo que sé demasiado bien. Comprendo que muchas veces se pierde, y me queda muy claro, que la mayoría de ocasiones, es imposible ganar.
Así que digamos que soy un perdedor. No es que mis padres me pegaran hasta hartarse cuando era pequeño, qué va. Mi madre era una santa, y mi padre, a pesar de ser francés, no era mal tipo. Tampoco abusó nadie de mí. Ni siquiera tengo ese tipo de cosas en mi biografía para sentirme especial, o de alguna forma, confirmar que ya nací perdiéndolo todo. No. Más bien, soy un perdedor porque nunca he sabido hacer nada trascendente en mi vida. Soy un personaje gris y mediocre, que a lo máximo que puede aspirar es a eso, la mediocridad.
Pero antes de seguir compadeciéndome, voy a presentarme, porque es de mala educación no hacerlo. Me llamo Konrad, nombre que, claramente, eligió mi madre, porque así se había llamado su abuelo. Según ella, era el vivo retrato de él al nacer (no entiendo cómo puede ella saberlo si no lo conoció joven, y la vejez nos deforma hasta un punto cruel y sádico). Siempre decía que mis ojos, tan verdes, y mi nariz, tan afilada, venían de su querido abuelo, así que como Konrad me quedé.
El apellido, Oublier, viene de parte de mi padre. Como dije, un francés. Demasiado simpático para serlo, así que imagino que inmigró a Alemania porque se cansó de sus compatriotas, por mucho que contara siempre una historia sobre nosequé herencia familiar y la casa en la que vivíamos. El viejo tardó poco en morir, y el último recuerdo que tengo de él es mirarle cara a cara en el velatorio, su cara tan pálida, pero a la vez tan serena. Creo que en ese momento, dos días después de mi décimo cumpleaños, subí forzosamente el escalón que hay de la infancia a la edad adulta. Así que debo agradecerle en parte mi madurez, porque no fue otra cosa la que me hizo crecer, salvo esa mirada sin ojos que me echó para despedirse. Una expresión que aún me tiene atrapado y, a veces, obsesionado.
A partir de eso mi madre, como en todas las películas, se quedó velándole, marchitándose con el paso del tiempo, perdiendo su vida en alguien que ya no podía hacer nada por ella, y que, en mi opinión, no era más que polvo en el camino. No porque no respetara al viejo, sino porque ni siquiera el cura, una vez muerto, consiguió consolarme con el rollo de la vida eterna. Me resultaba demasiado difícil de entender, y también, demasiado tedioso. ¿Vivir eternamente? Joder, qué coñazo.
Ahora, con treinta años, tampoco ha cambiado esa perspectiva. Ayer fue mi cumpleaños, y lo pasé solo. No porque no tuviera nadie a quien ver, sino porque así lo quise. Cada cumpleaños es una especie de recuerdo morboso de la muerte de mi padre, y al final, es como si su propio espíritu convirtiera cada lugar de celebración en una casa encantada, un lugar atrapado en el tiempo donde muere una y otra vez. No me hace nada de gracia, y al final, cada cumpleaños es una maldita depresión.
Me levanto de nuevo a las siete de la mañana, aún con la costumbre de madrugar aunque no entre a trabajar hasta las diez, y no sé qué ponerme a hacer. Si darle algo de caña a la bicicleta, ver algo de porno y desahogarme, o salir a la calle y correr, a pasar frío como un cabrón en esta mañana de febrero. Sé bien que haga lo que haga da igual, voy a seguirme sintiendo igual de mísero por dentro. Iré luego a la agencia donde trabajo (llevo temas de publicidad y demás sandeces), miraré con relajada obscenidad a alguna de las chicas que trabaja allí, haré dos o tres bromas sobre política, trabajaré un poco, tomaré tres cafés, discutiré de nuevo con Jaegger (un capullo, y a la vez uno de mis pocos amigos) y volveré a casa. A pasar la tarde autocompadeciéndome, leyendo, bebiendo o simplemente viendo películas hasta que se haga tarde y tenga que dormir.
Y para el fin de semana, intentar revolcarme con alguien, probar alguna droga nueva (ninguna hasta ahora me ha enganchado, al fin y al cabo, no me sirven ni siquiera de gratificación, y por eso las busco) e intentar no pensar en Rita. Rita es mi ex-novia, y en opinión de mi antiguo psiquiatra, sobre ella he proyectado todo mi fracaso y mi miseria existencial. Quién sabe. Yo sólo sé que la echo de menos, que me duele pensar en las noches que pasábamos discutiendo y peleándonos, en las veces que la cagaba y ella me perdonaba, o en esos paseos por el Tiergarten hablando de todo lo que no podíamos hacer, de escapar a una isla perdida en medio de la nada para encontrar algo de libertad. Ella la encontró, por cierto, a manos de un turco, no sin darme previamente varias advertencias y oportunidades. Desde entonces odio a los turcos, lo que es un sentimiento muy alemán.
Así que soy un publicista (licenciado en Filosofía, sí, yo tampoco sé por qué estudié esa estupidez, cuando al final nunca me dio una sola respuesta) acabado, que pasa su tiempo buscando que el tiempo pase lo más rápido posible. Cualquiera me diría que estoy buscando que mi tránsito hasta la tumba sea lo más breve posible, y podría ser así, pero aún no me he suicidado. Me limito a flotar sobre las circunstancias, como ese pedazo de madera flota que flota cuando ya se ha hundido todo el barco. Un superviviente mediocre.
La cuestión es que de momento sobrevivo. Atrapado, alejado de todo lo que es significativo, a la deriva en un océano sucio, manchado y lleno de petróleo. He hecho lo que he podido, lo juro, por cambiar la situación. Me volqué en los estudios. Me volqué en los deportes. Me volqué en las artes. Y siempre fui mediocre en todo ello. En la universidad no destaqué, limitándome a aprobar por la mínima la mayoría de las asignaturas, salvo por una matrícula de honor en estética (lo cual no deja de ser una ironía tan profunda como una daga en la espalda). Jugué a fútbol, a baloncesto, practiqué natación e intenté hacer algo en el voleibol (como todo buen hombre, sólo para ver a las tías jugar). No sirvió de nada. Y cuando quise empezar una carrera como escritor, jaleado por gente que ya no es amiga mía, y de vez en cuando, aún estos días, jaleado por Rita, me di cuenta de que era incapaz de escribir más de cinco páginas seguidas sin hartarme de todo.
Lo asumí y dejé de hacer todas esas cosas. Me desvinculé del mundo sensible y hermoso. Dejé de acudir a exposiciones. Comencé a mirar al suelo al caminar, para no ver todas esas maravillas que uno puede encontrarse por casualidad en la calle. Vendí mi alma a los cuarenta principales, y dejé de oír otra cosa que no fuera lo agradablemente prefabricado. De diez a seis, publicidad. De seis a doce, banalidad.
Sólo queda esperar al premio de consolación. A veces pienso que es lo único por lo que vivo. Porque, en esta sociedad, decadente, injusta y cainita, aún queda gente con la compasión suficiente como para darle un premio al perdedor. Una medallita al niño que llora porque le han llenado la cabeza de pájaros, haciéndole creer que podía ganar en esa competición.
Registr.: Dec 02, 2005 Mensajes: 2236 Ubicación: Between the end and where we lie...
Publicado: Dom Ene 20, 2008 1:47 pmAsunto:
Esta vez si que me has dejado sin palabras.
Esa sensación que describes, sobre todo a partir de la mitad del relato, se ajusta mucho a lo que he pensado en más de una ocasión.
Alcanzar la felicidad con mayúsculas es imposible, de hecho, cuanto más piensas en ello más se aleja de ti. Con hechar un vistazo a tu alrededor en la vida diaria se observan tantas cosas, tantos comportamientos que no se pueden comprender.
Joder, tenemos de todo, no nos podemos quejar, y sin embargo tenemos un vacío existencial brutal por falta de motivaciones vitales. Caemos en la rutina, que es complicada de evitar, con una facilidad increible.
El mundo es una puta mierda excepto en contadas ocasiones. _________________ "Cuando el poder del amor sobrepase al amor al poder, el mundo conocerá la paz"
(James Marshall Hendrix)
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