Registr.: Jan 19, 2008 Mensajes: 338 Ubicación: El país de los acantilados
Publicado: Mar Mar 25, 2008 1:37 amAsunto:
Yo no tengo la culpa...
de que te duela el alma...
Él acababa de llegar. Hacía frío, pero ahora estaban acurrucados bajo unos cartones que le habían sisado a un mendigo en El Retiro. Sus caras estaban dibujadas en sentidos que terminaban por estallar en colores aún por inventar, los violines y las guitarras sonaban mientras se aproximaban los cuerpos, esperando que ésa fuera la noche más larga del año. El alma les dolía, claro. Es más, el alma ardía y quería congelarse, o se congelaba y quería arder, dependiendo de a cuál de los dos se le preguntara. Las bocas intentaban compartir un solo aliento, mezcla de pasión, rabia, instinto y tabaco. Supuraban amor. Estaban llenos de él y se escapaba por cada herida que se hacían para bañarlos más aún, como si fuera ácido en una fiesta de alta sociedad. Les daba igual lo que pensaran los demás, porque para ellos no volverían jamás. Estaban ahí, juntos, abrazados, y ambos acariciando algo envuelto en papel de plata, un pequeño tesoro que él había traído para combatir el frío y las convulsiones.
- Lo tienes, ¿eh? - Arañaba por dentro, deseando hacer surcos y clavar garfios en la piel.
- Claro que lo tengo, cariño. - Y a Él también le arañaba, desde que había salido de casa, desde que se había tambaleado buscándolo, desde que corría de esquina a esquina con una urgencia que partiría en dos el cuerpo de cualquier persona, salvo de ellos.
- ¿Puedo verlo? - ¿Puedo tocarlo, sentirlo, embeberme, emborracharme de él, violarlo?
- Espera. - Hay que esperar, primero para Él, luego para Ella.
Hubo un forcejeo que intercambiaba besos y hiel, un luchar ambas manos para juntarse y agarrarse, pero también para arrebatarse su más preciado bien. De nuevo había agujas atravesando todo, retortijones y cadáveres señalando a los lados. El forcejeo paró, se intercalaron nuevos besos, nuevas formas, nuevas bendiciones. Los ángeles lloraron viendo el espectáculo desde el cielo, las voces subieron, el histerismo se hizo dueño de la situación. Quedaron bañados en él, en la violencia y el sexo desparramándose bajo los cartones. Era una lucha cariñosa, un combate plagado de amor. Pero Ella ganó, dado el momento. Ah sí, por fin la aguja la atravesó y la heroína entró, destrozando las venas, corrompiendo la sangre, rajando la carne y poseyendo el cerebro. Ella fue la primera. Se miraron con excitación, rabia y lujuria. Luego Él, pero primero Ella. Hubo nuevos gritos, pero esta vez apaciguados durante horas por la maravilla toxicológica que les cabalgaba como ellos se cabalgaban a sí mismos en la cama.
Registr.: Jan 19, 2008 Mensajes: 338 Ubicación: El país de los acantilados
Publicado: Mar Mar 25, 2008 1:38 amAsunto:
A veces me pregunto
de quién será el fantasma...
¿No os ha pasado, una, dos o más veces, que una discusión nace y tanto durante como al final nadie sabe por qué se ha discutido? La semilla del rencor, las ansias de retribución por cosas pasadas que se creen olvidadas y perdonadas y el masticar y masticar y masticar los fallos y las promesas rotas, todo se planta bajo la piel y termina por germinar. Primero una palabra medio tono más alta que otra, y ya existe excusa para que el prestigioso show que sólo cuenta con dos personas de audiencia comience. Ahora todo ha terminado, y una figura se escurre entre esos árboles altos y de hojas que poco a poco mueren en invierno que adornan el Parque del Oeste. Ella está en un banco que había sido ocupado media hora antes por dos personas, pero ahora se sujeta la cabeza con ambas manos (no vaya a caerse del cuerpo y regalarle la muerte que desearía tener) y llora a moco tendido. Claro que llora.
Madrid es ahora como una araña que ha ido tejiendo una red sobre su cara para asfixiarla, se revuelve en los subterráneos, cada día con más patas y extremidades, mutando en progreso y puntualidad, en vapores y algún suicida ocasional que le usa como excusa. Suicidio. Ella juguetea por un momento con la idea, igual que cualquier persona que alguna vez haya estado en su situación. Todos en Madrid saben a dónde va la gente que quiere algo así, y lo saben todos tan, tan bien, que ahora ese puente tiene barreras de plástico a ambos lados, en un bochornoso intento por frenarlo. ¿Para qué ayudar a las personas, cuando es más fácil levantar muros y edificios? Diríase que es más fácil aún en Madrid, que aún diez años después de cualquiera "ahora" estará en obras.
- Y ahora qué, ¿eh?
Sí, ¿y ahora qué, eh? La idea de una muerte precipitada no resuelve nada. Porque Ella sabía que, tarde o temprano, las cosas se arreglaban. Cuando había una discusión todo era un estallido violento, una pequeña muerte, un dolor inenarrable, una tragedia y un melodrama, y cuatro horas después todo era un recuerdo fulminado, cenizas y rescoldos usados para un nuevo bautismo que solía concluír con el típico polvo de reconciliación. Parecía que todo fuera un bucle, y sin embargo, lo que lo hacía ser predecible también lo salvaba, de forma imperfecta e insana, pero salvado. Él seguiría caminando en la noche un par de horas más, Ella se iría a casa a esperar, y alguno de los dos cedería un pequeño terreno al orgullo y llamaría primero, gritaría primero, pediría perdón primero y diría las dos palabras mágicas primero. Y arreglado.
Pero mientras...
- Y ahora qué, ¿eh?
Ella se preguntaba qué le pasaba a Él por la cabeza en este momento. Todos nos lo hemos preguntado alguna vez, ¿verdad? Bueno, pues para estas cosas ni siquiera la omnisciencia tiene respuesta.
Registr.: Jan 19, 2008 Mensajes: 338 Ubicación: El país de los acantilados
Publicado: Mar Mar 25, 2008 1:39 amAsunto:
Dime dónde has estado
niña de cara blanca,
dónde has dejado tu risa
que no está donde estaba...
A veces, cuando había algo de dinero, iban a ese VIPS. Estaba subiendo desde Plaza de España, en verano hacía calor en esa zona, y en invierno hacía frío. Era más difícil recordar la temperatura en primavera o en otoño, tal vez porque no era extrema, o porque los recuerdos se diluían en esas estaciones que no eran más que un leve tránsito. La memoria, aderezada con sueños de vicodin, benzodiazepinas, metadona y heroína, estaba acostumbrada a fallar a menudo, pero algo les decía a ambos que si tenían tanto cariño por este lugar, quizás fuera porque aquí se conocieron. En una mañana soleada de julio, o bien resguardándose del frío cortante en un lejano diciembre. Era especial.
- ...y así fue.
La conversación se había perdido por derroteros extraños, hablando de la infancia, de cosas anteriores a la expresión "los dos". En el fondo, aunque agradaba la conversación, no hacían más que perder el tiempo frente a unos nachos, esperando que llegaran las once de la noche para poder salir a pillar. Visto desde fuera, parecería que ambos sólo existían para esos momentos de sublime drogadicción, que iban llenos de inercia de cuelgue a cuelgue. Pero desde dentro, todo era distinto.
- ¿Me estás escuchando?
A decir verdad, no, Él no le estaba escuchando. Pero como en cualquier relación de pareja, es malo dejar ver eso, y es preferible negarlo e iniciar una pelea a reconocer un error y pedir disculpas.
- Claro, cariño, claro.
De todas formas, es difícil mentir cuando tus ojos siguen perdidos en la ventana enorme desde la que se ve la calle. El cristal, lleno de vaho, delataba seres humanos paseando por fuera, y entre ellos, dos chicos jóvenes, tío y tía, andando con velocidad y aire de importancia. Lo que le había hecho fijarse en ambos, especialmente en la chica, tan pálida y mortecina, era que aún andando con prisa no se habían parado a respirar ni un momento, que miraban a la gente de una forma demasiado extraña y que no habían exhalado nada de vaho.
Pero Ella sólo veía que estaba mirando a otra, y seguro que la excusa del vaho no servía de demasiado.
- Así que estabas mirando a esa zorra, ¿eh?
- Yo...
- Pues hala, te quedas con ella, cabrón.
Siguió, obviamente, el habitual espectáculo de gritos, desplante y puerta que se cierra de un portazo, dolor de estómago y corazón. Pero volverían, claro. Siempre volvían.
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