CRÓNICA

Vallenfyre + Foscor + Chaos Before Gea + The Hum
Vallenfyre, Foscor, Chaos Before Gea, The Hum
30 de Enero de 2015 por César Aguilar Sala Eventual Music, Málaga 6001 lecturas

Si no recuerdo mal, el tercer compact disc que entró en casa del arriba firmante fue “Gothic” (1991), el segundo álbum de los británicos Paradise Lost, referencia fundamental para entender el death doom y uno de los álbumes que más me han impresionado a primera escucha. A día de hoy aún me queda la espina de no haber podido presenciar en directo a los de Nick Holmes, pero a falta de pan buenas son tortas: el anuncio de que la extensa gira Splinters over Iberia de Vallenfyre –proyecto paralelo de Gregor Mackintosh, guitarrista y mastermind de los ingleses– recalaría en Málaga era una oportunidad de oro para ver en acción a uno de mis héroes musicales de los noventa, aunque fuera en una faceta completamente diferente a la que practica en su banda madre. Si a eso le sumamos la presencia de Foscor como invitados de relumbrón a lo largo de toda la gira y en el concierto de Málaga dos bandas locales de auténtico nivel, la cita era ya absolutamente ineludible.

A la tercera fue la vencida y por fin tuve la ocasión de asistir a un show de The Hum. Muy activos y motivados en la media hora larga de que dispusieron, el quinteto desgranó el peculiar metalcore melódico con momentos de caos mathcore expuesto en su meritorio debut “Cryptid” (2013). Christian, David, Guillermo, Martin y James exhibieron su técnica en favoritas como “Ghost In The Machine”, “Face-Pounder”, “Astral Projection” o “Pyro-Technics”, e incluso presentaron un par de temas nuevos que mejoran y aumentan la complejidad de su anterior repertorio. Muy, muy bien.

Ya he perdido la cuenta de las veces que he visto sobre un escenario a Chaos Before Gea en el último año y medio, pero de lo que sí estoy seguro es de que su progresión sobre las tablas ha sido remarcable: las visitas a ciudades como Madrid, Albacete, Vitoria o Vigo han hecho que la banda adquiera una seguridad y un nivel envidiable. A punto de entrar al estudio para registrar su segundo álbum, el quinteto costasoleño empezó su recital a degüello, precisamente con uno de los temas que formarán parte de su nuevo largo, que, a juzgar por lo escuchado, promete mayor extremismo y una dosis menor de clasicismo, pero, eso sí, mantiene su personalísima mezcla de metalcore, groove y hardcore con tintes progresivos.

Fue un inicio potentísimo, sensacional, con la banda gozando del mejor sonido que les recuerdo. Lástima que a mitad de “Erebo”, el segundo tema, la guitarra de Adrián enmudeciese y el resto tuviera que rematar el tema sin su participación. Tras la resolución de la incidencia siguieron con otro tema nuevo y “The Uprising”, lo más brutal de su debut. Pero las dificultades se presentaron de nuevo: David Martín también se las tuvo con la conexión de su guitarra y era palpable cómo su frustración echaba más leña al fuego de un concierto que estaba resultando demasiado accidentado para ellos. Pero no dejemos que los imponderables oculten la realidad: fue un placer ver a David Arroyo (también guitarrista y vocalista adicional en The Hum) maltratando la batería con la imaginación y el dominio del tempo que le caracterizan, a Ismael cada vez más jefe como frontman y sobrado de voz, a un Damián perfecto en su papel de bajista y a Adrián y Davile, guitarristas complementarios donde los haya, descargando sus brutales e intrincados riffs.

Tras una emocionante “Inner Struggle”, otro tema nuevo y la inseparable dupla formada por “The Pieces of Truth” y “Lobo”, la banda, visiblemente apenada, se despidió disculpándose por los problemas técnicos acaecidos. A pesar de que fue un concierto muy bueno quedó el regusto amargo de que el ciclo de “Erebo” no se cerrara con toda la brillantez que merecía, aunque también la bonita certeza de que nos hallamos ante una formación cada vez más asentada que nos seguirá dando alegrías en el futuro. Por mi parte, espero su nuevo álbum con las uñas ya a medio morder. Seguiremos informando.

Mucho se ha escrito sobre la resurrección, reinvención, metamorfosis o como se le quiera llamar, que para los catalanes Foscor ha supuesto su reciente “Those Horrors Wither” –para esta casa el sexto mejor disco nacional de 2014–, un álbum soberbio además de un ilusionante paso al frente en su ya de por sí sólida carrera. Rebajando el tempo y la intención black metal de su anterior –y lejano– “Groans to the Guilty” (2009), introduciendo más atmósferas y voces limpias, los de Barna han conseguido que su nuevo repertorio respire y fluya con envidiable coherencia, llegando a esa fascinante tierra de nadie –en la que también habitan sus amigos Obsidian Kingdom– donde las fronteras entre black, doom, gótico y progresivo se diluyen hasta ser imperceptibles y (casi) todo se antoja posible.

Catorce años de una más que ejemplar trayectoria parecen suficientes para augurar un show cuanto menos solvente. Pero decir eso sería quedarse corto ante el despliegue de clase y savoir faire exhibido en la Eventual por un cuarteto que incluso logró capear la sensible baja de Falke –el guitarrista y miembro fundador convalece de una reciente operación– con la adición de un sobrio Chiri (cantante y guitarrista de la recomendable banda manresana Humash).

Para comenzar empalmaron los tres primeros temas de su nueva referencia discográfica, unas “Whirl of Dread”, “Addiction” y “Senescència” que a servidor se le antojan un logrado cruce entre bandas noruegas ilustres como Enslaved y Ved Buens Ende y la atmósfera de terror gótico de un H. P. Lovecraft o un Poe, esto último debido sobre todo a la expresiva y teatral voz de un Fiar muy en su papel durante los tres cuartos de hora que duró el show.

Tras repasar el presente de la banda, el frontman aludió a ese pasado «del que también somos culpables» para iniciar una tanda de black más rápido y ortodoxo (pongamos, por ejemplo, el de unos Immortal) con “Groans to the Guilty”. Tras “Smile of the Sad Ones” y “Searching a Seal of Pain (The Beauty)”, retomaron los horrores marchitos con su tema título y quedó aún mas patente la vuelta de tuerca que Foscor le han dado a su música con este álbum. Cerraron su actuación con el estupendo single de adelanto “Graceful Pandora” y los asistentes les dedicaron una gran ovación y reclamaron un bis que por cuestiones de tiempo era imposible. Para algunos, entre los que me cuento, fueron los auténticos triunfadores de la velada. Extraordinarios.

Vallenfyre es el acto de amor de Gregor Mackintosh hacia su padre fallecido, una manera de rendir tributo a la música que le ha marcado desde su juventud, y, por qué no, también la oportunidad de aparcar su papel de guitarrista sideman en Paradise Lost y mostrarnos una faceta para el que suscribe impensable hasta la edición de su debut en largo “A Fragile King” (2011), al que tres años después “Splinters” dio continuación.

A priori podría pensarse que once horas de trayecto desde Tarragona afectarían al desempeño de la banda sobre el escenario, pero afortunadamente no fue así. Gracias a su profesionalidad y a un sonido de chapó, con su mezcla de death, doom, crust y ese death sueco tan de principios de los noventa, Vallenfyre lograron transmitir a la perfección la miseria, la desolación espiritual y la podredumbre que impregna su música hasta el tuétano.

A apenas un metro y medio de distancia, Mackintosh impone. Alto, ataviado con botas militares, pantalón crustie, chupa sin mangas y camiseta de Celtic Frost primera época, agita sus largas rastas y juega con el pie de micro mientras da cuenta de piezas tan old school como “Scabs” (con la que también se inicia “Splinters”), “The Divine Have Fled” o “Cathedrals of Dread”. Un Hamish Glencross imperturbable sacaba negrura de su guitarra, mientras que Scoot al bajo y Sam Wallace a la segunda guitarra cumplían su cometido sin despeinarse. La banda sonaba de lujo y a esas alturas ya estaba claro que el desempeño a la batería de Waltteri Väyrynen –suplente de Adrian Erlandsson, el tipo más pluriempleado del metal actual– es poco menos que sobresaliente. Flaco y de aspecto aniñado, el finés le pega con ganas: menudos blast beats se gasta, sí señor.

Interrumpidos por los parlamentos de un Mackintosh en plan cínica alma torturada, siguieron cayendo “Dragged to Gehenna”, “A Thousand Martyrs”, el brutal doom de “Bereft” y las más crusties “Instinct Slaughter” y “Humanity Wept”. La arrastrada “Seeds” fue uno de los puntos fuertes de la noche, al igual que la excelente “The Grim Irony”. Con “Desecration” y la emblemática “Splinters” –una de sus mejores composiciones– dieron por finalizado un set de nada menos que dieciseis temas, mezcla perfecta de lo más granado de sus dos álbumes. No hubo bises, y casi mejor, porque a aquellas horas estábamos sepultados bajo varias toneladas de metal pesado y ya lo que apetecía era recogerse y descansar para afrontar el día siguiente.

Fotos: VicFotoPro (www.facebook.com/VicFotoPro)

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