CRÓNICA

Leprous en Madrid
Leprous, Agent Fresco, Alithia, Astrosaur
09 de Noviembre de 2017 por Israel Higuera Sala But, Madrid 390 lecturas

Que Leprous es una de las bandas más importantes que ha dado el metal progresivo en los últimos diez años está fuera de discusión; desde aquel "Tall Poppy Syndrome" los noruegos no han hecho más que crecer en cuanto a público y reconocimiento. Días después de su segunda aparición en el festival Be Prog! My Friend pudimos verles en esta gira que les trajo a España junto a otras tres bandas internacionales para comprobar en directo cómo defienden "Malina", su último trabajo de estudio.

Se agradecen estas giras en las que por un precio bastante razonable puedes disfrutar de varias bandas foráneas, y lo que vimos aquel jueves casi se puede denominar minifestival. Los encargados de abrir fuego fueron los también noruegos Astrosaur, un power trio que electrificó el ambiente sin mucho esfuerzo. Hay que reconocerles que en cuanto a potencia y groove se les pueden poner pocos peros. Su propuesta a caballo entre el post metal, el progresivo y el space rock instrumental es francamente eficaz sobre el escenario y, si bien es cierto que su set fue corto como cabría esperar, ejecutaron un concierto sin fisuras. Tan solo acaban de publicar su debut, "Fade In // Space Out", y demostraron que son una banda que merece la pena tener en el punto de mira.

Otra cosa es lo de los australianos Alithia, los segundos en subir al escenario. Con más de diez años de carrera y hasta siete músicos en el escenario su propuesta, aunque variada y hasta cierto punto original, pecó de excéntrica y poco consistente. Su prog bebe de diversas fuentes, emplean una buena cantidad de recursos (timbales, efectos por doquier, alternancia de casi todos los miembros en las labores vocales, etc.) y no se les puede poner ni una pega en cuanto a entrega y simpatía. Fueron las canciones las que derivaban por extraños vericuetos más de una vez, evidenciando sus costuras y dejando una sensación de dispersión que hacía que, al final, toda esa personalidad que se empeñaron en mostrar se diluyera entre algunos buenos momentos. Los músicos se mostraron siempre agradecidos y cariñosos con el público (prestando incluso una guitarra a un asistente para que la tocara mientras uno de ellos manipulaba su sonido), expresándose en perfecto castellano así que, con todo, el concierto nos dejó un buen sabor de boca.

Los que sí hicieron a buen seguro un buen puñado de nuevos fans fueron los islandeses Agent Fresco. Algunos ya venían avisados desde su aparición del año pasado en el ya mencionado Be Prog! My Friend, pero los que no les conocían se encontraron con un grupo tremendamente eficaz sobre las tablas. Con una mentalidad casi pop empezó el concierto, a base de canciones más cercanas al rock que al metal y con una interesante base rítmica. Canciones que no serían lo mismo sin la voz de Arnór Dan, que se mueve como pez en el agua en los registros más agudos y nos dejó una serie de buenas melodías. El repertorio fue de menos a más y coronó en una demostración colosal del batería Hrafnkell Guðjónsson con unos de esos finales explosivos que el público agradece tanto. Todo esto después de que Dan se paseara por toda la sala saludando a todo el mundo mientras interpretaba el último tema y de enterarnos de que el bajista Vignir Hilmarsson, ausente aquella noche por motivos obvios, había sido padre durante el concierto. El listón estaba alto para los principales protagonistas de la velada.

Ya es de por sí molesto cuando el público se dedica a la cháchara durante un concierto, pero cuando esto ocurre durante un solo de violoncello, como el que dio comienzo al set de Leprous, la cosa es de juzgado de guardia. Tampoco es que hubiera mucha paciencia a la hora de aplaudir, lo que hizo que la labor de apertura del bueno de Raphael Weinroth-Browne, que por otra parte hizo una interpretación impecable, fuera cuanto menos comprometida. No quiero ser prejuicioso, pero daba la sensación de que el respetable, siempre respetable claro está, no estaba muy acostumbrado a estas cosas. Con la banda ya sobre el escenario, un sonido que podría haber estado mejor ecualizado y una puesta en escena más bien escasa comenzaba a sonar "Bonneville", el tema que abre su último álbum.

Técnicamente no hay nada que reprocharle a la banda: son buenos músicos, son precisos y muy  profesionales. Y qué decir de Einar Solberg, un cantante como la copa de un pino que suple su falta de carisma con una interpretación vocal sencillamente perfecta. Para los que disfrutan de sus dos últimos trabajos el setlist no pudo empezar mejor, intercalando los temas con más pegada de "Malina" y "The Congregation" para mirar más atrás solo en "Salt", de su aclamado "Coal". El problema fue la segunda mitad de este, cuando encadenaron una serie de malas decisiones en lo que a ritmo se refiere. La sosaina "The Flood" inauguró un tridente mortífero que casi hace al público agarrar la almohada y la manta. La repetitiva "Malina" y ese réquiem final de "The Last Milestone" supusieron un final anticlimático que seguro que en sus cabezas, con la voz de Einar navegando sobre ese cello durante minutos y minutos, era épico. No les pudimos dar la razón.

Por fortuna en el bis nos dieron ni más ni menos que lo que queríamos de ellos: "Echo", "The Valley", "Mirage" y "Rewind"; probablemente los cuatro mejores temas de sus últimos tres trabajos que, por cierto, fueron los únicos representados en el repertorio. Un buen final para un concierto mejorable en muchos sentidos y en el que pesa ese bajón central, un auténtico "valle" que se hizo eterno y que podrían fácilmente haber sustituido por una selección de temas más acorde con lo que demandaba una noche así.

Fotos: P.Garc

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