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 Adrift

CRÓNICA

Adrift + Dreadful
Adrift, Dreadful
18 de Marzo de 2022 por César Aguilar Sala The Hall (Málaga) 449 lecturas

Por fin parece que salimos. Por fin empieza a ponerse en marcha el circuito de salas pequeñas en Málaga, uno de los sectores que más ha sufrido durante ese aciago período que no me atrevo a nombrar para no tentar a la suerte. A los bolos ya celebrados de Lunavieja, V3ctors o Viva Belgrado, se le sumarán en fechas próximas los de Verdugo, Elephant Riders, The Sky Creepers, Red Eye o Delobos, muchos de ellos organizados por el colectivo La Mano, uno de los máximos exponentes (si no el máximo en la actualidad) del amor por la música en la provincia. Gracias, entre otras cosas, a sus podcasts y a su programación de conciertos se han convertido en todo un referente que no deja de sumar adeptos a una música underground cada vez más necesitada de apoyo. Toda mi admiración para ellos.

La noche de ayer era especial. Primero porque los madrileños Adrift no son un grupo que se prodigue demasiado en los escenarios –ni fuera de ellos: tres álbumes y un puñado de singles y EPs en sus más de veinte años de existencia les contemplan–, sino también porque su excelente último largo, “Pure” (2019) se quedó tristemente casi inédito en las salas de toda España dado el aluvión de cancelaciones que vino a colación de lo-que-todos-ya-sabemos. Además, la banda se presentaba en un feudo que le es muy familiar, hogar del sello que editó sus dos primeros largos (Alone Records). Así pues, entre unas cosas y otras era de esperar que estuvieran ansiosos por darlo todo, y, en efecto, así fue.

Pero empecemos por el principio. Los encargados de abrir la velada fueron los locales Dreadful, que, además, se estrenaban sobre las tablas (como Dreadful, porque experiencia no les falta en formaciones como Times of War, Haddonfield o Massamadre). Por no tener ni siquiera tienen una grabación disponible, aunque durante el bolo anunciaron un EP para dentro de poco. Desde los primeros acordes de “The Wolf” dejaron claro que lo suyo es un doom de la escuela Black Sabbath con toques más extremos y voces rozando lo gutural. A medida que caían temas como “The Usurper” o “Laydown”, con unos exultantes Manolo Reyes (guitarra) y Andy (voz), se fueron escorando hacia territorios más rock (llamémosle stoner a falta de una definición más apropiada) o al sludge de línea clara de unos Crowbar, un terreno donde también se movieron con comodidad. Para cerrar el círculo nos obsequiaron con una sentida versión del infalible “Snowblind” de, sí, Black Sabbath. Cerca de media horita que sirvió de buen calentamiento para la que se nos venía encima.

Cuentan fuentes de toda solvencia y fiabilidad que durante la prueba de sonido de Adrift cayeron trocitos de pintura del techo. Para todo aquel que no conozca la intensidad de la banda sobre un escenario ese puede ser un buen indicador de lo sucedido en The Hall, que registraba una entrada que rondaba el centenar de personas. Previsiblemente, la banda empezó con “Pure”, una hormigonera de riffs de alto octanaje que no dejaban de abatirse sobre los pabellones auditivos de los presentes, una persecución con un final tan desolador como el del episodio del perro robot de la aclamada serie Black Mirror, el muy apropiadamente titulado “Metalhead”. Porque, por si a estas alturas alguien no se ha dado cuenta, esto va de riffs, de grandes riffs. Frente a los presentes, el cuarteto se centra en pulir un groove incansable con materiales de primer orden y lo repite como un mantra hipnótico que o bien te absorbe sin remedio hacia el vórtice de un huracán (que huelga decir que al final del concierto te deja tocadísimo de las cervicales) o te escupe fuera al tercer tema. No son un grupo fácil, en absoluto, pero, como siempre, en eso reside parte de la recompensa.

Siguieron con “The Soldier of My Words”, uno de sus temas clásicos en el que pueden captarse mejor ecos de uno de los grupos más recurrentes al hablar de Adrift: Mastodon. En efecto, a la altura de su segundo álbum, “Black Heart Bleeds Black”, ambas agrupaciones compartían más de un recurso musical, pero al contrario que los de Atlanta, los madrileños se han mantenido fieles a una manera de concebir la música –podéis etiquetarla como sludge o post-metal y ponerle un lacito, pero aún así estaréis lejos de definir a una banda tan personal– que prescinde casi totalmente de la melodía para basarse en la demolición y la rítmica (Daniel Chavero (bajo) y Jaime García (batería) son el auténtico pulmon de la banda) para buscar el K.O. en el quinto asalto, tras gustarse y zarandear al oponente a base de bien. “Embers” mantuvo el pistón a pleno rendimiento, con la voz de Jorge García vomitando azufre a cada estrofa, hasta que el psicodélico inicio de “Confluence of Fire”, con su ligero sabor a los andaluces Atavismo, nos brindó las partes más meditativas y transcendentales del concierto, con unos efectivos desarrollos melódicos protagonizados por las guitarras de Jorge y David “Macón” López.

“Abracadabra”, contenida en la monumental caja “Grados. Minutos. Segundos” editada en cuatro tandas de EPs por el magnífico sello Spinda Records, nos presentó a unos Adrift diferentes, en un formato más corto, menos hipnótico y minimalista que, pese a todo, conserva la misma intensidad y pegada. La marcial e incansable “Mist”, una de las más Mastodon del lote y el más que lógico adelanto de “Pure”, puso las cosas en su sitio con algunos de los riffs más intrincados y técnicos de toda su discografía (algunos asistentes hasta se atrevieron a marcarse unos bailecitos muy cucos), y enganchó con otra de mis favoritas, una “Black Heart Bleeds Black” que, huelga decirlo, es un martillo pilón en directo.

Sin bises debido a los estrictos horarios de la sala (y a que los cuatro integrantes de la formación estarían reventados, por qué no decirlo), cerraron con “Lush Land”, su otra aportación al single compartido con Mondo Infiel para la citada caja de Spinda Records. ¿Irán por ahí los tiros de una próxima grabación? El tiempo lo dirá. De momento, mejor centrarse en disfrutar de excelentes conciertos como este y de las agradables charlas con gente que hacía una eternidad no veías. Que vivido lo vivido, y visto lo que nos queda por vivir, no es poco.
 
Fotos: Jacques-Marie Bat (cortesía de The Metal Family).

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