alternative rock / alternative metal
 Catorce

ENTREVISTA

Un mundo feliz por César Aguilar
13 de Mayo de 2019 491 lecturas
Tras una etapa complicada en la que tuvieron serias dudas sobre si continuar o no, el pasado febrero el trío sevillano Catorce editó “Arcadia”, su tercer álbum. En esta ocasión, Jaime Ladrón de Guevara Lozano (voz, guitarra y teclados), José Miguel Ocón Espinar (bajo y coros) y el recién incorporado Luis Ruiz Gutiérrez (batería) se han servido de la ciencia-ficción para retratar a una sociedad enferma de ego y confrontación y herida de desinformación e incultura. Y, como es tradición cada vez que tenemos noticias suyas, hablamos con ellos para que nos expliquen con todo lujo de detalles las claves de esta nueva aventura. Si antes eran necesarias, sus «canciones tristes para gente alegre o canciones alegres para gente triste» en el momento presente lo son todavía más.

Una de las cosas que más me llamó la atención de la promo de “Arcadia” fue que anunciasteis una tanda de conciertos antes de su publicación. Recuerdo que sufristeis alguna que otra caída de fechas en la gira de “Agua. Naufragio. Equilibrio.”, que quedó algo desangelada y no fue digna de un disco tan bueno como ese. Supongo que una de vuestras prioridades para este álbum sería atar bien desde el principio los bolos, ¿no?

Jaime: Totalmente. Una de las cosas que aprendimos durante la gira de “A.N.E.” fue a hacer las cosas con suficiente tiempo de por medio. Además, conocimos a mucha gente que ahora nos ha podido echar un cable y no te voy a negar que cosas como tocar en el Download nos abrieron algunas puertas para llegar a más personas que nos podían ayudar. Pero sí, nuestra intención era tener una buena tanda de conciertos más que atada antes de nada.

José Miguel: Además de lo comentado por Jaime, la gran predisposición que ha mostrado Luis nos ha facilitado mucho las cosas. Nos quedamos con ganas de poder visitar muchas grandes ciudades con nuestro anterior trabajo y para este queríamos ponerle remedio cuanto antes.

Luis: Sin duda es importante hacer la gira y la promo con tiempo. Aunque yo no participé en la gira de “A.N.E”, Jaime y José me comentaron que su intención era esa desde el primer momento. Al margen de eso, yo llevaba la lección aprendida, ya que en mi otro grupo (Carving Colours) ocurrió algo parecido con nuestro segundo disco.



Incluso creo recordar haber leído que en ese período hasta habíais pensado en dejarlo. ¿Ha sido duro concebir este nuevo álbum? ¿Qué problemas habéis tenido que afrontar?

J: No te vamos a engañar, lo ha sido. Había muchos problemas personales de por medio, pero también de autoconfianza... Son muchísimos años los que llevamos tirando de esto y no era plato de buen gusto sentir que todos nuestros esfuerzos caían en saco roto, o que un disco que nos parecía tan jodidamente bueno pasaba sin pena ni gloria por ahí. Además, había ciertas cosas de nuestra relación personal que debían de sanarse. Ha sido un disco muy complicado de hacer en lo personal, pero musicalmente creo que ha sido muy divertido de construir al final. “A.N.E.” también fue un disco que nos exprimió mucho, creo que somos personas que cuando nos ponemos creativas, nuestra vulnerabilidad se intensifica. Al menos a mí me ocurre.

JM: En cierto modo, creo que fue Jaime el que denominó a nuestros discos como fotografías emocionales. Todo lo que vivimos, musical y personalmente, se ve reflejado en nuestras canciones. Es cierto que este disco ha sido más complicado de componer que de grabar, pero también creo que al final hemos tenido esa pizca de suerte que en otras ocasiones nos había faltado.

¿Ha cambiado la perspectiva que teníais de la banda desde vuestros comienzos?

J: Creo que cuando llevas tantos años con una banda, esta crece contigo inevitablemente. Quiero decir, monté Catorce con diecisiete años y acabo de cumplir treinta. Es evidente que si atas un nombre, una entidad a ti con tanta fuerza como lo hemos hecho nosotros con este proyecto, al final su vida y sus estados van unidos a ti. Ahora mismo sentimos que tenemos una madurez que nos hacía falta, una templanza que es vital para estar en una banda de música como la nuestra. Pero, por otro lado, desde que ha entrado Luis, nos divertimos como hacía años que no lo hacíamos. Así que nuestra perspectiva es un poco vivir el momento y disfrutar de verdad todo lo que venga.

JM: Cambia como cambiamos nosotros, aprendiendo (a base de equivocarte, la mayoría de las veces); pero, en el fondo, es lo que hablo con ellos a veces, creo que no somos conscientes de que hay bastante gente ahí fuera de nuestra realidad del local que nos escucha y nos respeta, lo cual siempre ayuda a dar sentido a lo que haces y lo hace especial.

¿Cómo sienta llegar al tercer disco? ¿Sentís un poco que esa complicidad que tenéis con vuestro público os da la razón?

J: Hace poco lo comentaba en otra entrevista, y es que al final creo que la clave ha sido que hacemos esto para nosotros. Suena a tópico, pero es verdad. Desde las canciones, hasta las portadas o las camisetas… todo es para nosotros, todo son cosas que nos gustaría tener o escuchar o ver. Nuestra percepción de tener un público quizá se está haciendo un poco más patente ahora, la verdad es que tanto de los conciertos que llevamos como la respuesta que estamos recibiendo sobre el disco por parte de la gente, todo es bastante alucinante. Gente cantando los temas del disco nuevo sólo una semana después de salir… Esas cosas nos están dejando muy locos. Pero respondiendo a tu primera pregunta, aún no me creo que hayamos editado un tercer disco. No por nosotros, sino por el lugar y el momento en el que nos encontramos para este tipo de música. Creo que eso lo dice todo sobre nosotros y nuestro compromiso con lo que hacemos.

JM: Sienta genial poder seguir defendiendo algo en lo que crees tanto y que cada vez llegue a más gente de una forma tan positiva. Y más que la razón, lo importante es que podamos seguir haciéndolo gracias a ese apoyo del público, ya que por muy a tópico que suene no podríamos hacer la mitad de las cosas que hacemos sin ellos.

Sinceramente, lo que me da miedo es el cuarto disco [risas]. Siempre dijimos en broma que seríamos como Reuben, que sacaríamos tres discos y lo dejaríamos… Espero que no sea el caso, pero con lo exigentes que somos tampoco quiero pensar aún en componer otro disco, prefiero exprimir este antes al máximo.

Uno de los problemas con lo que habéis tenido que lidiar, de nuevo, es el cambio en la posición de batería. Si antes de que se editara “Agua. Naufragio. Equilibrio.” fue Mariano Torres el que dejó la formación, ahora ha sido Luis Manuel Terán el que la ha abandonado, incluso antes de grabar “Arcadia”. El batería de sesión ha sido Carlos Expósito. Es un gran músico y creo que hay amistad de por medio así que parecía natural que se sumara al equipo.

JM: Carlos es amigo mío de la infancia en Algeciras, gran parte de mi educación musical en esos años se la debo a él y mantenemos una gran relación, incluso en la distancia cuando se mudó a Madrid. Siempre que lo hemos necesitado y su agenda se lo permite, es el primero en ayudarnos con absolutamente todo. Cuando nos surgió esa necesidad, lo llamé inmediatamente por la ilusión que nos hacía (que fue mutua) y el esfuerzo que ha realizado para preparar y grabar este disco ha quedado más que patente en el resultado final. A mí, desde el día que grabé el bajo sobre ese pedazo de baterías, me gusta decir que el disco merecía ser comprado ya tan solo por eso.

Después se incorporó Luis, otro viejo conocido. ¿Qué os va a aportar? Eclecticismo seguro...

J: Luis es un gran y viejo amigo y en cuanto Luisma nos comunicó su decisión, le escribimos. Es un tipo con el que tengo muchas ganas de sentarme a escribir canciones. Hablas de eclecticismo, pero es que eso es lo que somos, no escuchamos sólo una cosa. En una misma mañana puedo escuchar ambient y al rato estar escuchando el “Reign In Blood” de Slayer. Hace poco alguien que había escuchado “Arcadia” me dijo que habíamos dejado de ser un grupo de emo, y yo no era capaz de saber en qué momento de nuestra historia habíamos sido un grupo de emo [risas].

L: Mi intención siempre ha sido dar lo mejor de mí y pasármelo bien. De momento he aportado algunas cosas a las líneas de batería de los temas que estamos tocando para la gira, sobre todo redobles y fills que creía que podían molar, y la recepción por parte de Jaime y José ha sido muy buenas. Así que creo que podemos hacer algo muy, muy guay los tres de cara a nuevas composiciones.

JM: En cierto modo, nunca hemos tenido baterías especialmente cercanos a nosotros en cuanto a preferencias musicales y visto así puede que junto a Antonio (Salas, batería de “Atlas” -ndr.), Luis sea el más similar. Pero como bien dice Jaime, cada uno es de su padre y de su madre en lo referente a gustos y ya vemos matices que nos encantan de Luis, que seguro que a la hora de componer nos llevan a nuevos e interesantes lugares.

En nuestra anterior entrevista os confesé que “Agua. Naufragio. Equilibrio” tardó en entrarme, que me había costado recorrer la distancia que hay entre “Atlas” y vuestro segundo disco. Con este os voy a decir que, como poco, me parece vuestro material más adictivo y cuidado, el más depurado, sin, por supuesto, olvidar la emoción, para mí la esencia de vuestra banda. ¿Estáis de acuerdo?

J: “A.N.E.” fue un disco en el que nos obligamos a obviar ciertas cosas que nos caracterizaban para buscar otras. “Arcadia” creo que somos nosotros recuperando esas cosas pero con la experiencia de “A.N.E.” de por medio. No sé si ha sido nuestro disco más cuidado, pero sí el más trabajado, y curiosamente lo ha sido por eso que te comentaba antes: queríamos hacer algo para nosotros. Que por una vez sintiéramos que habíamos hecho lo que queríamos al 100%, y que no importara la opinión de nadie más que la nuestra.

JM: Siempre tratamos de depurar el proceso no solo de composición sino de preparación de la grabación, todo por lo que hemos ido pasando suma y va añadiendo cosas positivas al resultado final. Como bien dices, esa emoción creo que es parte de nosotros, de nuestro sonido y algo que cuando comenzábamos nos hacía dudar de si podía llevarnos a tierra de nadie, está resultando lo contrario, acercarnos parcialmente a varios tipos de público.

L: A mí me pasó exactamente igual que a ti. la primera vez que escuché “Arcadia” fue aún en la preproducción y me enganché al instante, lo escuché un par de veces seguidas. Cuando ya empezaron a mandarme, digamos, el ‘producto final’ fue cuando flipé de verdad.

En el apartado lírico veo diferencias con el anterior álbum, no en la forma porque en esencia Jaime sigue usando recursos similares en la escritura, sino en el tono, en el fondo. “Agua. Naufragio. Equilibrio.” era un disco en el que os veníais arriba, en el que durante la lucha cabía la esperanza, y este me parece todo lo contrario…

J: Es un disco oscuro, no lo voy a ocultar. Han sido años muy duros. Tanto por lo que vemos en el mundo, como lo que nos ha ocurrido a nosotros. Personalmente, he visto de cerca el espectro muchas cosas feas: la depresión, perder a gente que creías muy cercana a ti, la sensación de abandono. Sensaciones serias. No soy una persona que se siente a hablar de sus problemas, lo reconozco. Entonces, escribir canciones es mi vehículo y joder, en esta ocasión tenía muchas cosas que decir. Al final ha terminado siendo algo muy catártico.

Hay varias menciones a “Blade Runner” en títulos como “Tannhäuser” o “Noviembre, 2019” o en ese «Lástima que ella no pueda vivir. Pero ¿quién vive?» de “Una ventana atlántica”. No diría que “Arcadia” es un disco conceptual, pero sí que una misma corriente lo recorre de principio a fin. La letra de “Autómata” sienta las bases de lo que uno va a encontrar: miedo y asco al siglo XXI. Sé que un disco, cualquier obra de arte, es un espejo donde espectadores u oyentes nos vemos reflejados. Pero ¿son esos vuestros sentimientos u os limitáis a describir lo que veis?

J: El disco, a mi parecer, va en dos direcciones. Una es la HISTORIA y otra es la historia (o historias) que hay detrás. No lo pretendimos al principio, pero terminó conformando una idea conceptual. Por un lado, tenemos a esta persona que de repente se despierta en 2019. Es el futuro, pero no el futuro esperanzador y brillante que siempre se nos prometió. Es un lugar oscuro, casi distópico. A lo largo del disco, esa persona que despierta, quiere volver a dormir. Luego, lo que hay detrás en el entramado personal, son los miedos que me provoca esa exposición. El miedo a no poder ser nosotros mismos. El miedo a no sentirte respetado. El miedo a buscar siempre la validación a través de los ojos de otras personas. El miedo a que las relaciones personales se conviertan en relaciones de plástico, más fáciles de llevar con una pantalla de por medio que cara a cara, eliminando la humanidad. Al final, es un sentimiento que provoca una sensación de soledad muy chunga. “Arcadia” nace de todo eso.

La portada con esas imágenes de la civilización clásica y el mundo futuro separados por el vacío cósmico, como si uno fuera el reverso del otro. Las humanidades no son incompatibles con el progreso, al contrario. ¿Cómo hemos llegado a esta situación?



J: El artwork (un trabajo acojonante y precioso de The Braves Church), nace de la idea de que por mucho que estemos en el futuro, la tecnología está haciendo florecer (o permanecer) odios que nos atan a una naturaleza arcaica. Somos los mismos salvajes, solo que con más cachivaches a nuestra disposición, lo cual nos hace más peligrosos. Por un lado está ese futuro luminoso y por otro esa imagen idealizada del mundo clásico, y en medio un vacío, un vacío en el que estamos nosotros. Y la galaxia de Orión, el cazador, ahí. Al acecho. Hemos puesto el nombre del disco al revés para forzar al que lo mira a darle la vuelta y sentir por un lado lo mismo, pero por otro, una sensación totalmente diferente. Tenía un profesor en la universidad que decía «recuerden, los antiguos eran antiguos, no imbéciles», siempre para decirnos que no menospreciásemos el pasado porque tuviesen menos aparatos a su disposición, porque probablemente nosotros somos igual de salvajes o más. Y joder, creo que tenía bastante razón.

JM: Pensamos que quien no conoce su historia, de dónde viene, acaba repitiendo los mismos errores que ya cometieron otros antes. Ahí radica una parte bastante importante del artwork y la temática del disco, el futuro no es mejor por sí mismo.

L: Realmente es inevitable que llegáramos a esta situación. Como dice Jaime, seguimos siendo los mismos salvajes que hace 500, 1000 o 2000 años. El ser humano como especie no ha evolucionado prácticamente nada en esos años. Sin embargo, hemos llegado hasta donde estamos. “Arcadia” nos recuerda que pese a estar en este punto, nuestro cerebro sigue siendo una copia exacta del cerebro de un Homo Sapiens 2000 años atrás.

Supongo que las canciones, los libros o el cine son la única manera que nos queda de resistir. Al menos para mí lo son. ¿Qué significan para vosotros, como artistas, las canciones? ¿Son una vía de escape, un impulso irrefrenable o ambas cosas?

J: Para mí significan la última conexión con algo que va más allá de lo meramente físico. No creo en muchas cosas, pero sí creo que las canciones nos atan todavía a esa naturaleza mágica en la que no todo se puede explicar. Una vez leí a alguien, no recuerdo quién, que «la música es el último milagro que nos queda», y creo que tenía razón. Escribir canciones es algo parecido a recoger en un álbum todas tus emociones y guardarlas, y al cabo de un tiempo sentarte a revisitarlas y verte desde lejos, desde la alta torre que te concede el Tiempo. Ahí puedes juzgarte a ti mismo y al tiempo que viviste, pero no antes.

JM: Son una vía de escape, ya desde su mera concepción en el local, de nuestro día a día; pero, al mismo tiempo, es nuestra forma de protestar y trascender a nuestra voz individual. Creo que una canción puede ser una herramienta multiusos, depende del fin o la interpretación que dé cada uno a la misma, lo que pueda suponer y lo que la puede hacer tan especial.

L: Sin ninguna duda, son una vía de escape. Cuando llegamos al local y empezamos a hacer ruido o, como yo digo, a echar a volar las manos, nos olvidamos de todo y estamos inmersos en lo nuestro. Ser capaz de conseguir eso es de lo más valioso que hay para mí

Siempre me he sentido muy identificado con los textos de Catorce, parece que me hablan a mí, al oído. Y con este disco si acaso se ha intensificado esa sensación. Esta época que vivimos me está doliendo mucho, tal vez porque hay demasiadas ventanas para asomarse al exterior y comprobar de primera mano lo podrido que está todo. “Todo lo que me enseñaron es todo lo que me han quitado” va a ser una frase recurrente al hablar de “Arcadia”, lo sé, pero debo mencionarla porque es un perfecto resumen de lo que siento, de ese tránsito entre el mundo pre-digital y esta era de la soledad a pesar de la hiperconexión a la que parece que estamos abocados…

J: La frase a la que te refieres parece que ha calado. Habla de la sensación de esclavitud a las ideas, de sentirte predispuesto sin quererlo desde el principio a ser una cosa, sin una oportunidad real de ir detrás de lo que quieres. Como músicos, siempre estamos sujetos a ese niño interior, esa fuerza que nos lleva a seguir ilusionándonos, soñando despiertos. Y la sensación que nos provoca el saber que siempre vamos a tener que tener un trabajo para poder llegar a fin de mes, el no poder dedicarle a esto todo lo que nos gustaría, los sacrificios… Es duro, porque parece que desde el momento en que agarras una guitarra te estás sentenciando a no poder ser más, al menos no en este trozo de tierra en el que nos ha tocado vivir. Y es una sensación que se puede expandir a cualquier ámbito en el que la finalidad no sea ganar pasta o tener una casa mejor y un coche mejor.

En “Arcadia” recurrís a un sonido más sofisticado que el de “Agua. Naufragio. Equilibrio.”, que al fin y al cabo fue grabado en directo en el estudio. ¿Ha sido con idea encajar en el contexto del disco o simplemente para desmarcaros del anterior material y trabajar con Carlos Santos, uno de los mejores productores del país?

JM: El motivo principal ha sido salir de nuestra zona de confort, que era La Mina (con Raúl Pérez, al que adoramos y le estaremos siempre agradecidos). Nuestra propia necesidad de avanzar y evolucionar nos llevó a pensar dónde queríamos grabar este nuevo disco, estando en plena composición, pero teníamos claro que queríamos dejar un poco atrás el sonido que nos acompañó en nuestros dos primeros trabajos y acercarnos más a sonidos algo más potentes y actuales, pero sin sobreproducir nada. Siempre hemos defendido en directo todo lo que volcamos en un disco y queríamos que esto siguiese siendo así, es muy importante para nosotros ser honestos con el público en ese sentido. Al final, creo que Carlos Santos ha sabido captar nuestra esencia y nuestras ideas como si nos conociera de toda la vida, ha encajado todo el sonido y el concepto perfectamente, no podemos estar más satisfechos de la decisión.

Los riffs de guitarra son más complejos, técnicos y enrevesados. Hay más variedad de sonidos, diferentes pedaleras de efectos. Desde fuera, siendo un trío y con Jaime como cantante y único encargado de las seis cuerdas, parece bastante complicado de tocar. ¿Te ha supuesto un reto llevar estas canciones al escenario?

J: Si te digo la verdad, ha sido menos complicado de lo que esperaba [risas]. Imagino que tanta preparación previa al final ha servido para eso también. Desde el primer momento tuvimos claro que queríamos probar a hacer algo más “complejo”, algo en lo que nos esforzásemos por ser mejores músicos.

Voy a romper una lanza por Semi, por todo lo que aporta al global de las canciones. No concibo Catorce sin esos efectos, sin ese fuzz y ese cuerpo brutal que le saca al output del instrumento. ¿Dedicas mucho tiempo a encontrar el sonido que buscas? ¿Cuántos pedales tienes en tu colección?

JM: Tengo demasiados pedales, igual que bajos, más de los que debería, pero esta es mi droga [risas]. Uno de mis referentes al bajo es Juan Alderete (Mars Volta o Racer X entre otros) y hace unos años comenzó su canal de YouTube “Pedals and effects” y ahí comenzó el principio del fin.

En los inicios de Catorce éramos dos guitarristas, pero cuando comenzamos a funcionar como trío me di cuenta de que debía tomar más peso en nuestras composiciones, eso unido al hecho de que siempre me había gustado mucho cacharrear e investigar pues me fue llevando a incorporar más efectos. Lo cierto es que a día de hoy conservo algunos pedales de los primeros que compré, pero en mi pedalera siempre hay algún hueco para esos nuevos experimentos que voy rotando siempre. En general, creo que encontré mi sonido base hace tiempo tras muchas pruebas, estoy bastante contento con mi equipo y ya raramente realizo modificaciones.

Lo cierto es que se agradece que alguien preste atención a una figura tan importante como a menudo menospreciada en la música [risas].

Musicalmente “Arcadia” es un disco variado pero absolutamente cohesionado. Hay temas más directos como “Caribdis”, “La montaña” o “Ekbom”, himnos como “Tannhäuser” o “Vivos” y composiciones más complejas que van un paso más allá como “Las hienas” (con esa excelente parte final que casi funciona como un segundo estribillo) o “Antípodas”, que es de una épica muy emotiva. ¿Sentís que habéis crecido en este disco? ¿Es esa la idea cuando afrontáis la composición?

J: Desde el primer día, la única premisa que le di a estos fue que quería hacer un disco más complejo y complicado de tocar. Imagino que tendrá que ver con lo que ando escuchando últimamente, o puede que tenga que ver con la necesidad de demostrar todo lo que podemos hacer. Yo creo que con cada disco se crece, no nosotros, sino cualquier banda. Esa debe de ser la finalidad. Sabemos que ha habido a quien este disco no le ha molado tanto como “A.N.E.”, pero es que nosotros vemos inviables las segundas partes. Nuestro siguiente disco no sé cómo será, pero estoy seguro de que no será “Arcadia 2”, seríamos una banda súper aburrida dado el caso.

JM: En ocasiones esa cohesión la buscamos más cuando tenemos los bocetos de los temas y les comenzamos a dar orden, mientras terminamos de perfilarlos. Es algo a lo que siempre hemos dado bastante importancia en cada disco. Respecto a la evolución, como bien dice Jaime, no somos muy partidarios de repetir fórmulas o de segundas partes. Disfrutamos mucho de experimentar y llevar nuestra musicalidad a nuevos terrenos.

L: Yo siempre afronto la composición como una manera de madurar, musical y personalmente.  La música que hacemos no es otra cosa que un reflejo de cómo pensamos, hacemos y sentimos en ese momento, por eso cada disco de Catorce es distinto. Se podría decir que cada trabajo marca una etapa de nosotros como banda.

Uno de los temas que en un principio me llamó más la atención es “Tannhäuser”. Trata de la alienación a través de uno de los personajes de Blade Runner. Roy Batty sin Twitter hoy día no sería nadie, ¿no?

J: [risas] Pues no lo había pensado. Lo cierto es que es una de las cosas más mágicas de la película, la empatía que puedes llegar a sentir con un personaje de se supone que es el malo. Hay tantísimas lecturas sobre Roy Batty, que casi me entra jaqueca cuando ahondo en ellas. Es alguien que busca ser libre, que no quiere que nadie decida por él. Quiere más tiempo para poder sentir cosas, no quiere ser un esclavo en un mundo que no lo ve de otra manera.

Es una letra muy abierta e interpretable, claro, pero “Conjura” (con ese guiño a la obra de John Kennedy Toole) me ha parecido que trata del tránsito que ha habido de las acampadas en la Puerta del Sol del 15M al actual auge de la extrema derecha, del desánimo que ha cundido en la gente que ve la Historia con cierta perspectiva. No sé si hay algo de eso o como de costumbre estoy equivocado…

J: La verdad es que tu interpretación mola mucho más que lo que hay detrás [risas]. Quizá esa perspectiva está más presente en “Las Hienas”. “Conjura” fue la última letra que escribí para “Arcadia” y habla de lo que sentía en aquel momento con la música, con el grupo. Como ya hemos hablado, fue una época muy dura y la sensación de que aquello podía irse a la mierda estuvo presente casi hasta que entramos a grabar. Por eso hablo del «sueño que se disuelve» y de «querer dormir», la necesidad de no pensar que algo en lo que habíamos invertido tanto tiempo, dinero y esfuerzo, se podía ir a la mierda. Habla de la banda, de «nuestro odeón», de nuestra manera de hacer las cosas frente a modas y demás. Pero sí, “La Conjura de los Necios” inspiró en cierta manera esta canción. Y también sirve como punto de encuentro entre “Autómata”, donde el personaje se despierta, y “Una Ventana Atlántica”, donde se abandona al sueño.

Las líneas «Ya solo somos agua/No hay naufragio» de “Antípodas” parecen aludir al título de vuestro segundo LP. No sé si queréis dar alguna pincelada para explicarlas o preferís que el oyente se las lleve a su terreno…

J: Puede que sea la letra más personal del disco. Está directamente relacionada con “A.N.E.”, y es casi la historia de cierre con ese disco. O más bien el inicio de un nuevo capítulo.

“Una ventana atlántica” me parece el cierre perfecto para el disco. Me recuerda a “Marzo” en la sencillez de la melodía y en lo fácil que se pega a la piel, pero a su vez deja un regusto muy crudo cuando termina de ese modo tan abrupto y solo queda un silencio que lleva a pensar y a situar el resto de las canciones en el contexto global del álbum. Habladnos un poco de este tema, por favor...

J: Curiosamente fue, si no el primero, sí uno de los primeros temas que hicimos para el disco. En realidad no lo hice con intención de grabarla, estuve experimentando en casa con un programa y salió aquello. Al final, sin saberlo, establecimos las bases de lo que terminaría siendo el espíritu musical de “Arcadia”. Realmente, como me pasa con casi todas las letras, más que una idea concreta, se basa en una imagen. La ventana atlántica es la ventana desde la que veo el mar en casa de mis abuelos en Cádiz, si la ves desde cierta perspectiva, sólo se ve el Atlántico y parece que el mundo se ha inundado y tú eres el único superviviente, y aquel nombre se me quedó grabado cuando lo pensé. Luego acudió a mí la idea de alguien que huye de un lugar y se pierde en el océano. Y la idea de entroncarlo con el personaje de Rachael de “Blade Runner” me pareció bastante guay y certera con la sensación.

JM: Desde que la escuché, recuerdo que quise que fuera nuestro bonus track. Es algo que ya no suele hacerse tanto como en los ‘90 y que nunca habíamos hecho, pero molaba tanto que acabamos entendiendo que esconderla era restarle un protagonismo que realmente merecía.

Tras la escucha del disco, me queda la sensación de que no se os agotan las canciones ni las ideas, de que hay Catorce para rato. Desde dentro, ¿salen los temas de un modo fluido o cada vez os cuesta más decir algo nuevo?

J: Bueno, lo decimos poco, pero lo cierto es que para este disco compusimos unas veintiuna canciones. Así que, movidas personales aparte, creo que cuando toca componer, nos inspiramos en mil cosas. Casi nos convertimos en esponjas y todo lo que nos motiva, nos inspira. Creo que lo principal para que las cosas salgan fluidas es no cerrarte a nada. Amamos la música lo suficiente como para seguir encontrando inspiración en cosas nuevas y por otro lado, somos afines a la idea de que sólo nos debemos a nosotros mismos. Eso implica no tener miedo a probar. De todas formas, cuando hagamos el cuarto disco podré responderte mejor a eso, creo [risas].

L: Jaime es una máquina de componer, sin ninguna duda, y al margen de eso tenemos la fortuna que nos compenetramos bastante bien como banda y cada uno pone su parte y su granito de arena. Cuando juntas eso con tener a tu disposición muchísima música y material sobre el que trabajar realmente los temas suelen salir más o menos fluidamente, también depende del momento. También nosotros somos muy exigentes con el material que queremos dar a conocer al mundo, por eso es realmente necesario componer mucho, y bien, para que los temas vayan saliendo.

Por último, parece que os habéis centrado en Catorce y habéis dejado vuestras otras bandas de lado. Semi grabó el primer EP de Habitar la Mar y lo dejó en el segundo, y De La Cuna A La Tumba parece que está en barbecho o finiquitada, no sé. ¿Teníais ganas de centraros o es que ya no os queda tiempo para más?

J: Es complicado de explicar, pero en esencia sí. Creímos que esta banda necesitaba cierto empujón en ese sentido, que apostásemos todo por ella. Eso no quiere decir que en el futuro no haya proyectos paralelos, pero desde luego era y es el momento para centrar todos nuestros esfuerzos en esto y dar esos pasos que queríamos dar.

JM: Por un lado, quiero pensar que algún día volveremos a hacer algo con DLCALT; y por otro, con HLM tras grabar los dos discos, era lógico que quisieran comenzar a presentarlo en directo y entendimos que con la cantidad de fechas que teníamos Catorce, además de estar yo fuera de Jaén, pues dejase mi lugar a otra persona. Fue un placer y un honor poder trabajar codo a codo con gente que admiraba tanto previamente por sus respectivas bandas y trabajos.

En cualquier caso, es cierto que en su momento cometimos el error de pensar que podíamos compatibilizar Catorce con DLCALT sin que nos afectase y evidentemente tuvo sus consecuencias tanto personales como para las bandas.  Además de que, como bien dices, cada vez nos limitan más a todos los temas laborales y personales o familiares. De esta manera, a día de hoy sí que estamos más centrados en Catorce y estamos muy felices de la aceptación que está teniendo nuestro trabajo, pero no cerramos ninguna puerta en el futuro.


Fotos: Víctor Hernández (VicFotoPro)
  


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