progressive rock / alternative rock
 Glasswork

ENTREVISTA

La cristalina fragilidad de la razón por César Aguilar
15 de Junio de 2017 1309 lecturas
Pese a su juventud, el cuarteto malagueño de rock progresivo Glasswork ha alcanzado una más que notable capacidad expresiva. En su segundo largo, “Fear and Trembling”, editado a finales de marzo del presente año, plasman su aprendizaje y su experiencia con una madurez y una calidad que rivaliza con la de formaciones bastante más prestigiosas del género. Nos ponemos en contacto con César Rodríguez (teclados, flauta y coros), Álvaro Sabín (guitarra), Miguel Ángel Rey (batería y voces) y su flamante fichaje Fernando Domínguez (bajo) para que nos hablen de sus primeros pasos en el mundo de la música, del estado de salud del prog en la actualidad y de los entresijos de su sorprendente nuevo álbum.

Tengo entendido que todos los miembros de Glasswork habéis estado en otros grupos. ¿Podéis contarme algo de vuestra andadura previa?

César: Mi primera banda fue Eternal Dream. Entré a los dieciséis y estuve hasta los veinte o veintiuno, cuando la dejé para formar Glasswork precisamente con Álvaro y Miguel, que también estaban en el grupo. Fueron unos años muy buenos, con la importancia añadida de ser los primeros en el mundo de los grupos y del rock-metal.

Álvaro: A los diecinueve años tocaba en grupos de metal. Cuando entré en Eternal Dream, que eran propiamente power metal, conocí a César y posteriormente a Miguel. Paralelamente, llevé un proyecto nu metal llamado Trashtorn.

Fernando: En mi caso empecé en una banda pop-rock que luego se adentró en el rock alternativo tocando versiones de diversos artistas. Finalmente, llegamos a grabar nuestras propias composiciones.

Miguel: ¡Como los baterías somos tan codiciados, numerosas bandas han querido tenerme bajo sus faldas! Pero de todas rescataría Anámnesis, un grupo de amigos que llegamos a dar algún que otro paseo por Andalucía de los que guardo muy buen recuerdo, y Eternal Dream, por lo que significó para mí y por conocer allí, entre otros, a Álvaro, César y Niko.

¿Cómo y por qué termináis formando Glasswork?

César: Yo diría que como todas las cosas que hacen mucha ilusión, tiene algo de historia. Antes de que Miguel entrase en Eternal Dream, ya me conocía a mí y a Álvaro por haber compartido algunas veces escenario. En 2012 coincidimos en un evento en la sala Eventual de Málaga, y en el camerino Miguel y yo mantuvimos conversaciones en las que coqueteamos con la idea de montar un grupo de progresivo. Había ya nombres y todo, y de hecho sonó Glasswork… El asunto es que esto quedó, aparentemente, aparcado. Más tarde Miguel se incorporó a Eternal Dream, y tras un año tocando en el mismo local de ensayo se hizo demasiado evidente el lenguaje musical que teníamos en común. Por diferentes motivos abandonamos juntos esta banda y al poco montamos Glasswork. Y claro, estuvimos totalmente de acuerdo en que quién mejor para ponerle una guitarra al asunto que Álvaro.

Miguel: Así fue como tuvimos el “desvergoncerío” de formar un grupo con pretensiones de prog… ¡sin bajista!

Desde fuera parece que todo ha ido bastante rápido. Os formáis en noviembre de 2013 y en abril del año siguiente editáis un EP homónimo como adelanto de “Knots” (2015), vuestro primer largo. Contadme algo de cómo se desarrolla la composición de los temas del disco y la experiencia en el estudio.

César: La composición de “Knots” siguió la mecánica del tanteo. Es decir, a diferencia de “Fear and Trembling”, donde prácticamente desde el inicio existía una idea nuclear desde la que se fueron desarrollando las canciones, el primer disco se fue componiendo casi sobre la marcha durante los ensayos. Aunque trabajamos con dos formas elementales de composición (la primera llevando un armazón de la canción y dándole forma, y la segunda simplemente tocar para ver qué iba saliendo), en “Knots” se nota que los temas están más aislados entre sí, y probablemente por eso escogimos ese título (‘knot’ significa nudo en inglés –ndr). En cuanto a la experiencia de estudio, sabíamos de antes que era genial, pero acabó siendo aún mejor. La mayor parte de los días había más cachondeo que música.

Álvaro: El inicio fue muy divertido. Era un proyecto que comenzaba desde cero y teníamos muchas ideas en mente. Nuestro objetivo era no ponernos un objetivo, sino simplemente disfrutar de la música. La experiencia en el estudio fue magnífica, no teníamos presión de ningún tipo y contábamos con Niko Hartmann para llevarlo a cabo. Al final todo quedaba en “familia”.

¿Por qué decidís colaborar con Niko?

César: Como ya hemos dicho lo conocíamos de Eternal Dream, donde tocaba la guitarra y se ocupaba de la mezcla, producción, masterización… De hecho, fue ahí donde empezó con esto. La verdad es que me siento un privilegiado por haber asistido al progreso en su trabajo, ha sido muy interesante y también muy impresionante. Supongo que lo escogimos no solo porque sabíamos que podíamos fiarnos de su dedicación y de su habilidad para plasmar el sonido que buscábamos, sino también por la amistad, el rollo, la comodidad. Con Niko no hay sensación de estar ahí trabajando o haciendo algo que “hay que hacer”. Vas ahí a pasártelo bien, y encima al final te llevas un disco con tus canciones.

Musicalmente creo que navegáis entre dos aguas, una muy vintage representada por el sonido de los teclados y la flauta, y otra más actual delimitada por las guitarras, el bajo y la batería. ¿Buscáis ese equilibrio entre tradición y modernidad o todo surge, digamos, de modo más espontáneo?

Álvaro: La banda tiene un abanico muy amplio de influencias. Todos tenemos gustos diferentes, aunque con nexos comunes. Personalmente, siempre he tocado y escuchado metal, por eso el sonido de las guitarras es más moderno. En el local, cada uno se deja llevar por sus influencias y surge el sonido de Glasswork.

Miguel: Me gustaría pensar que surge espontáneamente, aunque haya ideas generales de cómo queremos que suene algo cuando empezamos a tocar. Por ejemplo “ahora nos apetece introducir un pasaje instrumental más bien relajado”. Cosas así.

De “Knots” me llama mucho la atención “Being Man”, el tema más desenfadado y chocante de vuestra discografía. ¿Cómo surgió la idea?

Álvaro: César había estado dándole vueltas a un par de ideas con tendencias al rock and roll y al blues. Cuando nos lo enseñó nos gustó y dijimos: “¡Venga!”. Nos pareció divertido, diferente al resto del álbum. Al fin y al cabo, era nuestro primer proyecto y queríamos abarcar todo lo que pudiéramos.

César: Musicalmente hablando buscaba algo “blusero”, pero también alocadillo, con sus partes. La letra es la más “Knots” de todas: aunque es escueta está 100% inspirada en “El yo dividido” de R. Laing. La mezcla de los dos componentes es lo que probablemente permitió esa fragancia desenfadado-melancólica que ofrece.


“Knots” (2015, autoeditado). Tras un EP de tanteo, la banda se tira a la piscina del largo. Afortunadamente, hay agua (talento) de sobra y los resultados son más que estimables, aunque no óptimos. En el debe, resulta demasiado notoria la ausencia de un bajista que dote de más cuerpo a las composiciones y el sonido peca de seco y poco brillante. En el haber lucen unos temas carnosos y llenos de jugo que explotan a la perfección las exquisitas influencias del entonces trío. “Hopeless”, “Song For Ariadne”, “Flip a Coin”, y, sobre todo, la excelente “Beside Me” (una pieza por la que matarían los Opeth de la época vintage) resuelven su minutaje con convicción y habilidad y hacen soñar con futuros logros. En definitiva, nos encontramos ante un debut que, pese a la dispersión y a adolecer de una cierta irregularidad, sorprende por su ejecución y la claridad de ideas que despliega.


Cuando surgió como movimiento, el prog no tenía dogmas ni límites expresivos. Había decenas de bandas muy diferentes entre sí, bebiendo del jazz (Return To Forever), del folk (Comus, Jethro Tull), del sonido Canterbury (Caravan, Soft Machine) o del rock (Pink Floyd). ¿Cuál es vuestra visión actual de la etiqueta? ¿Pensáis que está todo inventado o aún hay resquicio para la innovación?

Álvaro: Actualmente están surgiendo muchas bandas de prog a nivel local, nacional e internacional, tanto en el mundo del rock como en el metal y cada una aporta algo nuevo. Tenemos a Riverside, Anathema, Tesseract, Jardin de la Croix, Agent Fresco y un largo etcétera.

Fernando: El género como tal desde mi punto de vista está disfrutando de otro renacimiento, por así decirlo, con artistas como Steven Wilson, Riverside o Tool. Ellos han podido darle la vuelta a la etiqueta y están demostrando que el género da para mucho.

Álvaro: Precisamente se centra en la innovación, siempre hay algún camino que explorar en este estilo. Eso es lo que lo enriquece.

La técnica contribuye a mejorar y expandir las posibilidades expresivas de un músico, pero también, si no pone de su parte, hace que caiga en convencionalismos vacuos. ¿Qué importancia le dais a ‘tocar bien’? ¿Practicáis mucho individualmente? Da la impresión de que tenéis estudios musicales, porque ese nivel no es fácil de conseguir de forma autodidacta.

Álvaro: La técnica es importante pero no lo es todo. En mi caso, intento practicar todos los días. Comencé de forma autodidacta pero después ingresé en la 21st Century Music de Madrid, dirigida por Jaume Plá.

Fernando: Yo no tengo estudios musicales más allá de lo que di en el colegio. He sido autodidacta a la hora de tocar el bajo, aunque me enseñaron las nociones básicas del instrumento. Suelo intentar practicar todos los días, aunque sean unas horas.

Miguel: Es esta otra de esas cuestiones dentro de esta cosa del rock progresivo. Por lo general los grupos de prog solían ser niños bien con estudios musicales y buen dominio del instrumento. Quizás se hace demasiado hincapié en la técnica, la música y la sociedad en general. Pero opino que sí, que es necesario. En mi caso tuve un muy buen profesor (Antonio Carlos Miñán) y con la base uno tiene que ir ahí fuera a encontrar su camino y dedicarle horas a pegar palos.


Vuestra música es ciertamente melancólica, está llena de claroscuros, y perseguís una cierta intensidad emocional. ¿Qué objetivos tenéis? ¿Qué queréis comunicar?

Miguel: Podría ser. Al final siempre pienso que en el rock progresivo o el sinfónico se pretende contar algo con mayor densidad o riqueza que en otros ámbitos del rock. Para eso acabas creando una especie de banda sonora de una película imaginaria, en la que tus elementos técnicos son jugar con los tiempos, los finales in crescendo, y como no, ¡incluir siempre señores hablando o sonidos de viento, eso es muy importante! En serio, sí que perseguimos crear texturas, eso es lo que creo que define esos claroscuros que comentas.

En España -y ya no digamos en Málaga- no abundan los grupos prog en la actualidad. En el pasado tenemos a Triana, Canarios o Bloque, pero ahora solo recuerdo a Frutería Toñi. ¿A qué creéis que se debe? ¿No son buenos tiempos para el estilo?

César: Yo me quedo con una cosa que dijo Greg Lake en una entrevista que le hicieron no hace mucho, no sé si en 2014 o 2015. Dijo algo así como “en los 70 tenías que ser diferente para gustar; luego, a partir de los 80 y los 90, tenías que ser igual para gustar. Yo creo que ahora hay que volver a ser diferente”. Opino que ahora es tan el momento del prog que probablemente nos hayamos apuntado tarde al carro. Hay más grupos de los que parece, e incluso más grupos de la cuenta queriéndose montar en el tren. Por ejemplo, el fenómeno Be Prog me parece significativo. En Málaga tenemos a Frutería Toñi o a Kinesic y por ahí tenemos a Tri o a Cró! Y si me esforzase sé que encontraría más.

Fernando: Ursa en Barcelona… Qué gran época tuvimos en España con el progresivo. Mi padre me enseñó a Iceberg, Pegasus, Alameda… y vaya edad de oro tuvimos aquí también. El apoyo de los medios también ayuda, y yo diría que sí que se van moviendo cosas.

Álvaro: Es una realidad que no recibimos tanto apoyo como otros géneros, pero gracias a Internet y las redes sociales la difusión es más fácil.

En los últimos años han muerto John Wetton o Chris Squire de Yes. De ELP ya solo queda Carl Palmer. Los protagonistas de una época (la de los 60 y los 70, de descubrimiento y de una creatividad brutal, unos años que dieron como fruto un puñado de obras maestras irrepetibles) están desapareciendo. ¿Creéis que hay algún disco o alguna banda en la actualidad destinada a ser citada en el futuro junto a leyendas del calibre de King Crimson, ELP, Yes, Marillion o Genesis?

César: “Heritage” de Opeth, “Orange” de Dark Suns y “The Weirding” de Astra deberían mencionarse, al menos, como un gran y bella reminiscencia a los orígenes del prog. En cuanto a un sonido más nuevo, no lo tengo aún muy claro. Quizá “Anemoi” de Agent Fresco, “10.000 Days” de Tool, “One” de Tesseract… Pero no me atrevo a mojarme del todo.

Fernando: Yo nombraría “Second Life Syndrome” de Riverside, que, aun siendo una banda relativamente moderna, tiene claros guiños clásicos a Pink Floyd, por poner un ejemplo. “Fear of a Blank Planet” de Porcupine Tree por el concepto y sus claroscuros entre modernidad y clasicismo en cuanto a la composición… y alguno más que ahora mismo se me escapa.

Miguel: Alguna de esas, sí.

Álvaro: Llegar a ese nivel es muy difícil, pero Porcupine Tree u Opeth pueden ocupar un puesto en el futuro como referencias de esta segunda oleada, por llamarla así.

“Fear and Trembling” salió el pasado marzo después de adelantar “A Conundrum” y “Trembling” en enero. No sé si habéis tenido tiempo de absorber la opinión de los oyentes o aún es pronto para decirlo…

Álvaro: Es cierto, ha pasado poco tiempo, pero de momento la acogida ha sido muy buena. Tenemos buenas críticas de algunos medios y nuestros seguidores han dado su total aprobación a este último trabajo.

¿Qué supone para vosotros este segundo largo?

César: Un paso más en el camino al hallazgo de nuestro sonido.

Álvaro: “Knots” fue un “cocido”, una mezcla de todas las cosas que nos gustaban y queríamos tocar. “Fear and Trembling” es un paso de gigante para Glasswork, un álbum con mucho trabajo compositivo y conceptual, mucho más maduro y con un enfoque claro.

Miguel: Exacto. Y ello influyen muchas variables: la entrada de Fernando, perseguir desde el principio un concepto definido, mayor experiencia, mayor seguridad…

Este disco está totalmente autoproducido por la banda (aunque Niko Hartmann se ha encargado de la mezcla y el máster). ¿No necesitáis de una persona ajena a la banda como ‘observador neutral’?

César: Hoy en día la autoproducción es más fácil que la heteroproducción, primero gracias a la mayor asequibilidad de los medios técnicos, y segundo por los precios de mercado en estudios musicales, independientes o pertenecientes a sellos. Es cierto que podríamos habernos beneficiado de un oído “no contaminado”. Lo más parecido sería precisamente Niko, pero es tan de la familia que solo puede considerársele neutral a medias. También es probable que exista un cierto componente onanista en eso de decir “es mi sonido y lo decido yo”, aunque de cara al futuro suponemos que tendremos que abrirnos más a las intervenciones de terceros, siempre sin merma de nuestra creatividad, claro.

En este disco contáis con un nuevo miembro y creo que precisamente eso es una de los aspectos que marcan la diferencia respecto a “Knots”. ¿Cómo encontráis a Fernando y qué papel juega en la banda? ¿Ha intervenido en la composición?

César: A Fernando lo encuentra Álvaro, creo recordar que a través del portal este del caralibro de “se buscan músicos”. Prácticamente desde el inicio quedó claro lo que quizá es más importante en esto: que Fernando compartía el rollo, el concepto. Le molaban nuestros temas de “Knots” y también le gustaban las cosillas nuevas en que estábamos trabajando, y si ya nos lo pasábamos bien, ahora con esto, que como bien dices es lo que faltaba, el ambiente es aún más estimulante. En cuanto a la composición, quizá aún no ha intervenido todo lo que puede, seguramente porque gran parte de las ideas de “Fear and Trembling” ya estaban planteadas o pre-planteadas antes de su incorporación. Para el siguiente disco estoy seguro de que habrá más peso en las aportaciones de Fernando, tanto en su instrumento como en las estructuras e ideas musicales.

Álvaro: Fernando era la pieza que faltaba en nuestro triángulo. Es una persona muy dinámica, con muchas ideas y que ha bebido de este género desde joven. Cuando entró el segundo disco estaba prácticamente compuesto, pero le dio una vuelta de tuerca para hacerlo no un gran trabajo sino un trabajo perfecto. Sus aportaciones y su energía fueron la guinda para completar Glasswork.

Miguel: Totalmente. Es más, desde mi punto de vista de batería, todo el departamento de graves tuvo que reestructurarse. Creo que el bajo es esencial y ha reformulado lo que yo venía haciendo en Glasswork y a la banda en sí. Hay que tener en cuenta que en directo era César quien tenía que emplearse para tocar las líneas de bajo, con lo cual le ha “liberado” por decirlo así, además de que ha traducido el sonido de la banda en una versión más pureta, más orgánica, más clásica.

¿Ha sido más fácil de escribir este disco que el anterior? ¿Ha habido algún problema reseñable durante su elaboración?

Álvaro: No. Todo ha sido sencillo, entre nosotros siempre ha habido mucha química a la hora de tocar.

Miguel: Y divertido, diría. Es como ir superando pruebas para decir lo que quieres decir cómo quieres decirlo. Al final uno queda insatisfecho, pero hasta donde sé siempre queda ese regusto al terminar de componer o grabar. Lo bueno es que esa insatisfacción sea, digamos, soportable.

Es curioso, pero hace unos días puse “Fear and Trembling” después de “Inerte” de Atavismo y me sorprendió que empezara con ese toque flamenco (característico del nuevo disco de los de Algeciras) que se repite en algunos temas. Es una novedad respecto a “Knots”, ¿no?

César: Es ciertamente una pequeña novedad deseada, aunque por prudencia y respeto yo lo llamaría “andaluz” antes que “flamenco”. Yo particularmente siento que tengo a Triana grabada a fuego en el espíritu, por decirlo así, y tiendo a fliparme mucho con todo lo que suene a rock andaluz. Vengo a decir que, como “me dejen”, seguro que irán en aumento los ramalazos de esa naturaleza.

Fernando: Si, perseguíamos empezar con un tono distinto, algo muy nuestro.

Las letras están basadas en “Temor y temblor” un escrito del filósofo danés Søren Kierkegaard, padre del existencialismo. ¿Cómo os decidís por adaptar este texto? ¿Qué tratáis de contar exactamente?

César: Este tema es complicado, largo y hasta controvertido. Para empezar, tiendo a rechazar la extendidísima idea de que Kierkegaard es padre o siquiera precursor del existencialismo. Creo que el existencialismo es otra cosa que un énfasis en la tragedia de la vida. Para mí es más bien un análisis ontológico-fundamental de la naturaleza del hombre o del pensamiento del hombre. Sí podríamos decir que el danés es de los primeros en ofrecer una alternativa al pensamiento moderno, entre otras cosas por su enérgica oposición al “totalitarismo racionalista”, que se estaba consolidando ya en el positivismo, entre otros movimientos modernos. “Temor y temblor” es un libraco guapo guapo, y seguramente lo emocionante que es en sí ya la lectura es suficiente razón para hacerle un disco. Pero es verdad que además puede que sea, digamos, socialmente actual, puesto que este pensamiento moderno que comento está ya terminando de conquistar a las masas. El fetichismo cientifista, la identificación de la mente con un algoritmo de decisión o con un ordenador… El libro ofrece un último grito de advertencia de los peligros de esos caminos, a través de la, digamos mítica, experiencia de Abraham ante su hijo, y la fe. La responsabilidad última cae fuera del enunciado limitado a los hechos positivos, y eso creemos que hemos conseguido decirlo en el disco.

Miguel: Tal idea, que puede parecer compleja, es suficientemente poderosa como para abrir un abanico de letras que arremetan contra el cientifismo, o las paradojas a las que nos enfrentamos en el día a día, lo irracional, lo racional, o actitudes como guardar silencio en un momento en el que parece imposible plantearse estas cosas. Con un mensaje positivo al final, añadiría. Algo como “amigos, hay cosas que no entendemos y van a seguir así, y no hay problema en absoluto, no perdamos la calma”.

¿Podría decirse que es un álbum conceptual o solo con matices?

César: Es un álbum pretenciosamente conceptual, sí.



Hasta el momento habéis editado dos vídeos. El de “A Conundrum”, simple pero efectivo, parece decir que lo importante está en las manos, que es, en definitiva, lo que sirve para tocar. En el de “Desert Shapes (Coda)” ni siquiera sois protagonistas. Tampoco he visto fotos promocionales vuestras. ¿Intentáis transmitir una cierta no-imagen? ¿Es un modo de decir que la música es lo que cuenta?

Fernando: De momento queremos que nuestra música hable más de nosotros que una buena sesión de fotos. En el caso del videoclip de “A Conundrum” decidimos que se nos “reconociese” por los instrumentos y pusimos las letras para que el público prestase atención a la composición en sí. Y en “Coda” quisimos presentar una historia que tuviese relación con el tema.

Álvaro: Evidentemente la música es lo más importante para nosotros, pero la no- imagen que planteas no es premeditada.

¿A qué aspiráis con este disco? ¿Tenéis alguna meta concreta en mente?

César: Diría que aspiramos a que nos consideren. La meta es ser conocidos y escuchados, y que quien nos conozca y escuche piense “Eh, esta gente tiene buenas ideas, tiene algo que aportar”. Fernando: Eso es, que más gente conozca a la banda y este trabajo, cosa que no sucedió mucho con su predecesor.


“Fear and Trembling” (2017, Rock Izar Records). Escuchando “Knots” estaba claro que la banda tenía mimbres y suficiente margen de mejora, pero lo que Glasswork ofrecen en su segundo largo supera las expectativas más halagüeñas. Los tres cuartos de hora de “Fear and Trembling” son una tremenda lección de arquitectura, sensibilidad y mesura que no muchas bandas del estilo están en condiciones de impartir hoy en día. Mejoran las voces y la dinámica interna de los temas (en este sentido la incorporación de Fernando al bajo es vital), el sonido es más brillante y matizado, la inspiración surge en cualquier recoveco. Nada sobra, nada falta. Desde el inicio con aires andaluces de la excelente “Fear (The Paradox)”, pasando por la misteriosa hipnosis de “Desert Shapes (Coda)” o el delicioso y sentido final con “Trembling (The Weight of Golden Crowns)”, la banda se centra en elaborar un todo coherente donde las texturas, los desarrollos memorables y la técnica bien entendida se van revelando a cada escucha. ¿En tres palabras? Clase. Mucha clase.


“Fear and Trembling” ha sido editado por el sello Rock Izar Records, de Euskadi. ¿Cómo contactáis con ellos? ¿Por qué decidís no recurrir de nuevo a la autoedición?

Fernando: Contactamos con ellos el año pasado cuando el disco estaba medio terminado. Nos pareció una buena propuesta y decidimos embarcarnos en una nueva aventura. Pensamos que Rock Izar puede dar ese empujoncito que le hace falta a Glasswork y a “Fear And Trembling” para darnos más a conocer.

El disco se filtró unos días antes de salir. ¿Qué opinión tenéis de las descargas ilegales? ¿Creéis que, como dicen sus defensores, ayudan a la promoción de las bandas, o, por el contrario, como alegan sus detractores, matan la música?

César: Cuando vi que la misma persona que filtró el disco de Mastodon había hecho lo mismo con el nuestro, me hizo ilusión. No es que no quiera que me compren el disco, pero creo que ya estamos mínimamente actualizados como para ver que hay cosas que van por separado. Me parece bueno ser escuchado. Algún día querremos ir a tocar a, qué se yo, Francia, y seguramente los franceses nos hayan escuchado primero por los portales gratuitos y también por las descargas ilegales.

Fernando: Para serte sincero, nos sentimos bastante halagados cuando nos enteramos de que estaba disponible en internet. No nos enfadamos. Internet es una herramienta tremendamente útil y gracias a ella descubro increíbles artistas y música nueva que de otra manera no hubiese conocido. Eso sí, soy partidario de que cuando algo te cala corras a comprarlo directamente al artista. Es una manera ideal de apoyar al músico y su obra.

Álvaro: Es eso. A día de hoy es imposible detener las descargas ilegales. El que quiere apoyar a una banda compra el disco físico o digital.

César: A mí me volvería loco (para bien) que un extranjero tuviese en su móvil metido “Fear and Trembling” porque se lo ha bajado ilegalmente, y seguramente sea ese el que vaya a vernos tocar, e incluso el que acabe comprando el disco.

Miguel: Quizás la realidad de la música, o la vida en general, ha sufrido tal envite con internet que a muchos le puede parecer una locura que me gaste dinero para grabar algo y la gente lo consiga gratis. Y, además, uno esté contentísimo. Eso es porque no está claro cómo va a seguir evolucionando el asunto. El manido tema de que el vinilo vuelve, las ventas de cedés crecen, la burbuja de los festivales, los mega grupos sacando recopilatorios, los circuitos de salas en España… Nada está muy claro, pero a nuestro nivel es lo que más nos interesa, sin duda.



Ya habéis dado dos conciertos tras editar el disco, el primero fue la presentación en la Caja Blanca y el segundo con Cró en la sala Velvet. ¿Cómo fueron los conciertos? ¿Tenéis pensado hacer alguna gira o es complicado para vosotros?

Miguel: La Caja Blanca debe ser nuestro centro de operaciones o algo así. Presentamos allí “Knots” y contar con ese espacio público para nosotros, con gran capacidad, asientos, técnicos de sonido y luces involucrados, apoyo institucional, un gran escenario y una pantalla para creernos Pink Floyd, es increíble. Además, grabamos material audiovisual que ahora está siendo desentrañado en discos duros en alguna habitación oscura de Daniel García y Jaime Martín. Desde un punto de vista musical, estábamos nerviosos. Mucho merchan nuevo, nuevos temas, uso de samplers por primera vez, fallos al principio. Mucho nervio en esta puesta de largo. En Velvet nos trataron mejor aún si es que eso era posible, y musicalmente, estábamos mucho más hechos, y creo que todo el mundo lo notó, incluido nosotros. Fue más “disfrutable”. Conocer a Cro! y verles en directo, tocar con su equipazo… En fin, fue una noche mágica, si se me permite la pomposidad.

Fernando: Si, creemos que al público le gustó mucho ese concierto.

Álvaro: ¡Ambos fueron muy bien! Si bien el primero fue más exigente por ser la presentación, el segundo fue muy divertido por la cercanía del público y el ambiente.

Fernando: En cuanto a gira…

Álvaro: Tenemos algunas fechas cerradas a partir de septiembre que iremos desvelando.

Fernando: ¡Una gira a finales de este año!, pero no podemos decirte mucho más [risas].


Fotos en directo: Tania Cervera
  

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