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 Godflesh

CRÓNICA

Godflesh
Godflesh, Inerth, Altarage
12 de Mayo de 2023 por Jorge Azcona Sala Jimmy Jazz, Vitoria-Gasteiz 1535 lecturas

Hubo un tiempo en el que el metal industrial, mucho antes de convertirse en un estilo comercial, llegar a las masas e incluso llevar sus sucedáneos a Eurovisión, se caracterizaba por todo lo contrario. El sonido lo-fi era su sello de identidad, lo accesible brillaba por su ausencia y, tirando de la cuerda en un supuesto árbol genealógico, todos los caminos sin duda nos llevarían hasta Godflesh. Tras una época convulsa y un hiato de más de diez años, el dúo británico vive actualmente otra etapa de relativa estabilidad, y a pocas semanas de publicar su nuevo álbum, llegaba a la península para revisitar su legado en tres ciudades españolas.

Antes de nada, me gustaría destacar el buen gusto de HFMN Crew a la hora de escoger los invitados locales en cada una de las fechas. Mientras Ósserp o Adrift hacían lo propio en Badalona y Madrid respectivamente, otra banda tan interesante y especial como Altarage se ocupaba de encender la sala Jimmy Jazz de Vitoria-Gasteiz ya de entrada. Y nunca mejor dicho, porque a pesar de la dura competencia, el trío bilbaíno venía a ser lo más extremo de todo el cartel. Enfrentarte a su directo es como exponer tu cuerpo a un tren de mercancías y no ver más allá, con sacudidas grindcore que no eres capaz de asimilar y pasajes drone en los que te preguntas de dónde carajo ha salido esta gente (cuentan las malas lenguas que de Horn Of The Rhino). Encapuchados con velos negros para ocultar su identidad, como acostumbran, y envueltos bajo las sombras en casi todo momento, nos regalaron un viaje que a seis manos pocos son capaces de interpretar de esta manera. Como suele decirse, café para muy cafeteros.

Los que sí acompañaron a los de Birmingham en sus tres citas fueron Inerth, nacidos de las cenizas de Looking For An Answer y complemento perfecto en esta gira por varios motivos. Primero, porque su mezcla de death, doom, sludge y pequeñas pinceladas industriales bebe directamente de la herencia Godflesh. Después, porque debutaron el año pasado con un señor disco como "Void", del que salió un repertorio sólido y contundente, sin mucho margen para la floritura, pero ideal para aquellos que amamos todo lo que huela -aunque sea un poquito- a aquellos amados 90´s. Y es que lograron trasladarlo notablemente al directo formando un conglomerado sonoro con todas sus facetas, desde las secas y robustas "Resilience In" o "Isolate" hasta la revolucionada "Brave New Cold War", y pisando terrenos más densos y oscuros con "Nadir".

Pero dudo que todas estas bandas, este público y, seguramente, esta forma de entender el metal extremo existiesen de no haberse cruzado los caminos de Justin Broadrick  y G.C. Green allá por 1988. Fue entonces cuando un EP llamado "Godflesh" y, sobre todo, "Streetcleaner" cambiaron las normas de lo supuestamente establecido y abrieron infinitas posibilidades a muchas ramas del género. A las pruebas de Danzig, Faith No More, Neurosis, Fear Factory, Ministry, Prong o Helmet me remito, bandas muy diversas que han admitido estar influenciadas por Godflesh en algún momento de su carrera.
Con una puesta en escena bastante primitiva (la combinación proyecciones/ritmos programados + Do It Yourself es lo que tiene), el dúo arrancó su performance con la mirada puesta en el presente. "Nero", único adelanto que hemos podido escuchar de "Purge" hasta la fecha, encaja como un guante en el concepto global de Godflesh y su directo, una espiral opresiva y decadente en la que cuesta entrar pero también salir una vez dentro. De ahí en adelante manejaron el repertorio como siempre han hecho, moviendo y combinando temas más o menos habituales como "Shut Me Down", "Post Self", "Veins" o "Weak Flesh" con alguna que otra rareza a lo "Ringer" (del EP "Decline & Fall") o "Dead Head", bonus track del citado "Streetcleaner". De hecho, y aunque sea necesario nombrarlos aquí, no son tanto los nombres y títulos sino las sensaciones que producen.

Maestros en aquello de convertir el martillo neumático en arte y las voces distorsionadas en una especie de culto, no nos dejaron sin "Like Rats" y "Crush My Soul". Seguramente los momentos de su carrera donde más cerca estuvieron del concepto single, y que más movieron al respetable también. La pasividad de Green, omiso a todo lo que pasara a su alrededor, contrastaba con los movimientos oscilantes de Broadrick, una estampa indisoluble que tan solo se permutó para detener la máquina unos instantes y servir "Slateman" como bis final. Pasarán los años y el legado de Godflesh no hará más que crecer.


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