ENTREVISTA

Inspiración y locura por César Aguilar
12 de Noviembre de 2018 769 lecturas
Por suerte, la onda expansiva de “Hautefaye”, el magnífico debut en largo del quinteto progresivo Noah Histeria, aún resuena, y la banda sigue presentándolo en los escenarios a poco más de un año de su fecha de edición. Inmersos en una gira de que les llevará por buena parte de la península hasta mediados del año que viene, los de Xàtiva recalarán en Madrid el próximo 17 de noviembre junto a Bones Of Minerva en un concierto que recomendamos sin reservas. Contactamos con Juan Giner, voz de la banda y firme candidato a entrevistado ideal de 2018, que nos atiende con una sinceridad que emociona, lleva a la reflexión y desarma al mismo tiempo. Y eso, justo eso, es la esencia de Noah Histeria.

“Hautefaye” fue un parto difícil, tanto que incluso os planteasteis dejarlo aparcado. ¿Qué tal os sentís ahora? ¿Os habéis consolidado como banda?

Fue un parto largo, muy largo y muy doloroso. Una cuestión de expectativas vs. realidad. Por cosas como esa la mayoría de las bandas se van al traste. A nosotros esto nos unió más, incluso cuando nos planteamos seriamente no sacarlo. Sabíamos que lo que teníamos en la cabeza podía hacerse pero no sabíamos cómo. Nos tranquilizamos, tiramos abajo los plazos que nos habíamos marcado y, simplemente, tuvimos paciencia y apostamos por Raúl Nácher. Y vimos la luz. Aquello empezó a sonar grandioso. No voy a pecar de falsa humildad: creo que a nivel de producción y sonido, “Hautefaye” es muy bueno. Luego ya te podrá gustar más la propuesta, las estructuras, los giros, el enfoque de los sintes, la voz... Pero a nivel técnico, en cuanto a sonido, creo que estamos ahí ahí, cerca de nuestras referencias.

Así que sí, fue un alivio sacarlo, creemos de verdad que es algo bueno cuando lo escuchamos y cuando lo tocamos. Nos ha costado coger la forma para tocarlo porque no es fácil defenderlo en directo. Pero las sensaciones ahora son muy buenas. Y sí, este proceso ha servido de armazón a la banda, la sensación es que ahora sabemos qué hay que hacer para que el próximo disco cueste mucho menos a todos los niveles. Estamos con ganas de seguir creciendo y hacer más cosas después de seis años, y esa es buena señal.

Después de tocar en festivales como el Resurrection y de bolos recientes como el que, por ejemplo, compartísteis con Elder, el próximo sábado, 17 de noviembre, hacéis Madrid junto a Bones of Minerva. Me parece un conciertazo. En lo que a mí respecta, los mejores carteles son aquellos en que los grupos se complementan y ofrecen algo distinto partiendo de cierta conexión. ¿Ves puntos en común entre Noah Histeria y Bones Of Minerva, aunque sea de manera muy abstracta?

Sí, claro que los vemos. Tenemos la suerte de poder elegir las bandas con las que tocamos y hace tiempo que teníamos marcadas en rojo a las Bones. Me gustan mucho porque desprenden verdad, nada de artificio ni pose. Escucho lo suyo, las veo en vídeo y me las creo, sé que me transmiten lo que son, esa visceralidad, esa fuerza, esa rabia y esa conexión con la naturaleza, esa humanización. Nosotros también tenemos algo de eso, quizás menos visceralidad y menos contundencia, o al menos en dosis más contadas, pero hay puntos en común. Me encanta su propuesta, su sonido y, sobre todo, su verdad. No hay muchas bandas como Bones, de hecho, hay demasiado pocas.

La gira sigue al menos hasta mayo de 2019 y vais a recorrer buena parte de la geografía nacional, de arriba abajo. Sois conscientes de que ahora mismo para forjarse un nombre hay que trabajar durísimo, y ni así…

Nosotros estamos tranquilísimos, con cero presión. La etapa de la presión ya ha quedado atrás y ya hemos aprendido que si seguíamos así íbamos a durar días. Salimos a tocar no por proyección, no por querer llegar y crecer a nivel de difusión. Lo hacemos para pegarnos el homenaje, porque nos encanta estar de xarleta (como se dice por Valencia) en el coche, hablando de todo un poco y riéndonos. Cada uno de nosotros tiene su vida y no solemos hacer mucha vida en común más allá de los ensayos, así que rodar se convierte en volver a la convivencia de banda, que es algo muy bonito porque nos llevamos muy bien y nos queremos mucho. Si te digo la verdad, a día de hoy, lo demás nos importa poquito. Queremos salir, conectar con la gente que nos venga a ver, comentar el post-concierto con ellos, recibir feedback, mejorar, sonar lo mejor posible, hacer el mejor concierto posible, tener la sensación de que lo que hemos creado funciona sobre el escenario y nos emociona, que hay algo de valor en ello. Y volver a casa con la sensación de que todavía te queda música que ofrecer, por dónde podríamos tirar, qué versión de nosotros mismos emergerá. Nos vamos haciendo mayores y cada vez nos gusta más vivir la experiencia y menos radiarla a los cuatro vientos por redes sociales y demás, porque eso hace que te la pierdas.

Te he leído varias veces diciendo que tocar en el Be Prog era uno de tus sueños como integrante de Noah Histeria, y hace poco saltó la noticia de que el festival desaparece. ¿Cómo te sentiste cuando te enteraste?

No me pilló por sorpresa para nada, así que me lo tomé bien. Yo he disfrutado allí de conciertos increíbles, y quizás dos de los mejores (o los dos mejores, sinceramente) que haya visto nunca: Steven Wilson y A Perfect Circle. Era un sueño estar ahí, como lo estuvo Jardín de la Croix o Persefone. La sensación es que lo estábamos tocando con la yema de los dedos. Los siguientes serían Dry River y después quizás nosotros, dos o tres ediciones más y ahí hubiésemos estado. Era nuestro sueño porque ese era EL FESTIVAL para nosotros, donde los bichos raros a los que nos gusta esto del prog y sucedáneos nos reuníamos y hacíamos bastante bulto por fin, nuestro público objetivo totalmente. Nos hubiera conocido mucha gente. Pero bueno, no pasa nada, no se trata de lamentarse de las oportunidades perdidas, sino de generar nuevas. Y como te digo, la difusión y proyección es algo que para nosotros no es prioritario ahora mismo, lo que queremos es conectar con la gente que nos ve, sea mucha o poca.

¿Se os ha caído, digamos, ese cielo al que aspirabais a llegar? ¿Cuál es ahora vuestro nuevo objetivo?

Un poco sí se nos ha caído. El objetivo es sentir que seguimos teniendo cosas que decir, un lado nuevo sobre el que experimentar y crear. Si no tuviéramos más música en la cabeza, nos iríamos cada uno a su casa. Tampoco vamos a engañarnos, el objetivo para 2019 es meternos en algún festival importante. ¿Lo conseguiremos? Lo veía factible tras el Resu, aunque hoy lo veo más complicado porque hay ciertas bazas que se nos han caído. Pero seguiremos intentándolo por nuestra cuenta. Es complicado porque es algo que básicamente hago yo, tirando de mis limitados contactos y de mail. Antes teníamos el respaldo de David Sobrino, que en la industria se conocía a todo kiski, y ahora es el mindundi de Juan el que intenta abrirse paso diciendo que es el vocalista de Noah Histeria. En el prog se nos conoce algo, pero en el underground somos bastante cero a la izquierda todavía, y escuchar como carta de presentación un tema de casi nueve minutos como “Coloso”... como que no, y lo entiendo perfectamente, porque aquí vamos todos de culo con el tiempo. Pero seguiremos intentándolo, supongo que conseguiremos engañar a alguien al final [risas].

“Hautefaye” es un bloque muy homogéneo, un álbum para escucharlo con tranquilidad y repetidas veces. Sí que hay momentos destacables pero no veo singles claros. Tocarlo entero es lo más apropiado, así que imagino que elegir un setlist para conciertos cortos habrá sido un suplicio, ¿no?

Nosotros no sabemos hacer singles. No es que no queramos, es que no sabemos. Queremos decir tantas cosas que nos liamos. Supongo que con el tiempo seremos más concisos, algo hemos hablado al respecto, no porque queramos enganchar más a la gente, sino porque nos encantan bandas como Deftones, que en tres o cuatro minutos te han repetido el estribillo tres veces y han construido la canción sobre dos riffs súper simples. Deftones son geniales. Personalmente, no me molan demasiado las propuestas que se andan muy por las ramas y que te quieren enseñar que saben de hacer de todo y de todos los colores. Y al final he formado una que está ahí, en ese saco [risas]. Cosas de la vida.

El caso es que teníamos claro que, si una canción podía ser single, esa era “Djemil”. Pero como somos así, dijimos que el videoclip sería para “Hautefaye”, pero quedando diez días para lanzarlo pensamos que mejor tenía que ser “Coloso”. Total, lo de siempre: el Whatsapp echaba humo, y el pueblo habló en forma de democracia. Yo voté a caballo perdedor, como siempre, y acabó ganando “Coloso”. Y creo que terminó siendo una muy buena decisión porque, aunque “Hautefaye” me parece la mejor canción que hemos escrito nunca, o la escuchas más de diez veces o no entiendes nada de nada. En definitiva, en el Resu tuvimos que quitar Shiro”, que fue un dolor porque “Shiro” es mucho “Shiro”, y darnos bastante prisa con el resto, sin meter intros ni transiciones como nos gusta a nosotros. Nosotros no somos carne de Resu, pero allí estuvimos y eso quedará ya para nuestra pequeña historia. No creo que volvamos a estar, pero que nos quiten lo bailao.


Una de las cosas que más me gustan del disco es que es muy “panorámico”. No hay prisas de ningún tipo, todo está supeditado a una narrativa muy planificada, como una película que tiene más en cuenta la descripción precisa de los personajes que la velocidad de la acción. ¿Fue ese uno de vuestros objetivos? ¿Tuvisteis en mente alguno más cuando componíais los temas?

Tal cual lo dices. Aquello más que componer parecía jugar al ajedrez, y por eso nos costó tanto componerlo, todo planificado al milímetro. Luego en el estudio se nos ocurrieron cosas nuevas e improvisamos más de la cuenta. Lo que me sorprende es que la gente que ha tenido la paciencia de escuchar el disco varias veces lo ha acabado entendiendo y se ha sentido muy atraída por la historia y te la comentan y te preguntan en los conciertos. Despertar esa inquietud es lo mejor que le puede pasar a alguien que intenta hacer algo con un cierto valor, me siento increíblemente honrado por ello.

Cuando componíamos, queríamos ir no uno, sino diez pasos más allá de la patita que habíamos asomado en el EP, sabíamos que podíamos hacerlo, que era cuestión de tensar la cuerda, llevarnos al límite, estirar y estirar para luego recoger. Lo hicimos, no sé cuántas versiones puede tener cada canción. Tenemos grabaciones de ensayo y, en serio, no se parecen en nada a como terminaron siendo. ¿Sabes cuando tienes una idea que flipas y la llevas al local y suena que flipas y todo el mundo flipando? Pues incluso esas ideas se cambiaron porque todos en la banda somos unos auténticos cabrones que siempre creemos que puede sonar mejor si le damos una vuelta de tuerca y al final ya no reconoces nada. Pero, al menos en nuestra experiencia, lo que al final sale es mejor que esa idea que tanto te flipaba, porque ha pasado por el filtro de los cinco y se ha enriquecido y se ha desligado de esa banda, de esa canción, de ese riff a partir del que, de manera más o menos inconsciente, creaste esa idea. Es un proceso lento, desesperante de vivir en el presente pero, cuando echas la vista atrás, parece magia, de verdad. No puedo sentirme más orgulloso de esos pequeños milagros que a veces suceden simplemente por el paso del tiempo. Yo, verdaderamente, amo Noah, amo estar en Noah, con todas mis fuerzas, soy fan de Noah a más no poder y espero que dure mucho tiempo porque siento que las cosas valen la pena por Noah.

Confieso que mantengo una especie de relación amor/odio con el prog: hay grupos que adoro y otros que me parecen aburridísimos, un derroche de clichés y técnica malgastada. Cuando entrevisté a Martin Lopez de Soen con motivo de la salida de “Tellurian” le dije que en mi opinión hay bandas que bajo lo intrincado de sus desarrollos esconden un puro y simple vacío. Para mí, como oyente, lo más importante son las canciones y la emoción, y pasan los años y cada vez tengo esto más claro. No sé si estás de acuerdo conmigo, matizarías algo o directamente llegaríamos a las manos…

Digámoslo claro: yo no soy fan del prog ortodoxo, si la ortodoxia del prog existe. Digámoslo más claro todavía: cuatro de los cinco miembros de Noah no sabíamos (me incluyo) lo que era el prog cuando nos juntamos hace seis años para hacer música. Desde ese nivel empezamos, desde casi el cero absoluto. Cuatro chavales de Xàtiva que sabían colgarse los instrumentos y tocarlos algo pero con un background paupérrimo y el friki loco que nos ponía Meshuggah cuando nos invitaba a su casa (Álex, el guitarrista). Él tuvo paciencia con nosotros y nosotros intentamos entender dónde estaba la gracia de eso que nos enseñaba y nos parecía infumable. Estuvimos medio año conociéndonos y escuchando música a tope, haciendo los deberes que nos ponía. Nos pusimos a hacer música, decían al principio que nos parecíamos a Linkin Park, luego que hacíamos una especie de rock sinfónico y, un día, alguien nos dijo que hacíamos progresivo. Y dijimos: “pues vamos a decir que hacemos progresivo”. Y en realidad hacíamos lo que nos daba la gana, no buscábamos ser progresivos para nada, pero empezamos a conocer bandas increíbles y queríamos hacer música tan guay como la que escuchábamos.

Todo esto te lo cuento porque hay mucho mucho prog, incluso prog de este de manual, que yo no he escuchado y que desconozco. He escuchado bastante a Dream Theater y, reconociendo que son unos masters, no es lo mío para nada. No me acaban los grupos que no se acaban de tomar demasiado en serio a ellos mismos o, mejor, que cambian de discurso, que se vuelven juguetones, que no les importa pasar de una cosa a la otra sin que haya un motivo discursivo musical mediante. Las bandas que a mí me gustan son las que te dicen algo, UN algo, no varios algos, las bandas que con poco te levantan un templo monumental. Me gusta la coherencia en el lenguaje musical y, sobre todo, me gusta la verdad, las propuestas que salen del corazón, sean o no más o menos quirúrgicas, pero que no quieran enseñar músculo por enseñarlo. Yo no creo que un virtuoso de la música lo sea por demostrarlo. Soy de los que piensa que el músico con mayúsculas está al servicio de la canción y hace crecer a los demás y no tiene ninguna necesidad de lucimiento personal. Eso es lo que me llega, lo que me transmite realmente, y los fuegos de artificio son chulos de ver y de escuchar, pero no te calan por dentro. Yo soy de la escuela del “menos es más”, de que con un riff se puede hacer una canción de diez minutos que te transporte a diferentes lugares de un mismo submundo. En esto, para mí, los maestros son Tool. Pero vamos, que yo no sé nada, que casi todos los que me estén leyendo habrán escuchado doscientas veces más música que yo y lo que debería hacer es callarme, que así estoy más guapo. Pero como me has preguntado...

Tu voz encaja como un guante en Noah. En cierto sentido me recuerdas a Steven Wilson: no eres un gran cantante al uso, de esos que hacen gorgoritos y llegan a notas altísimas, pero transmites calidez y das mucho color a las canciones. ¿Te costó hacerte a cantar en un grupo como Noah?

Me costó y me sigue costando barbaridades, básicamente porque yo no sé cantar. Yo sabía tocar el piano y poco más. No tengo ni idea de los fundamentos de cantar. Fui a dos clases con mi tío, que es un tenor muy reputado y vi que aquello no era lo mío. Luego Ana, mi mujer y cantante de Kai Mars, banda en la que toco pianos y demás, me enseña algunas cosillas de las clases de canto a las que va. Y con eso y mi criterio, intento hacer algo.

Hay mucha gente a la que le cuesta mi voz en ese contexto. A mí también me costaba, pero he de decir que, en “Hautefaye”, me siento realmente satisfecho de cómo han quedado y, en parte, es gracias a Raúl Nácher y nunca se lo agradeceré lo suficiente. A base de prueba y error, he aprendido qué es lo que puedo hacer más o menos bien y qué es lo que no puedo hacer bien. Como conozco muy bien mis limitaciones, las escondo. No soy tampoco muy fan de cantar rollo hard rock, con esas notas altísimas y tanto vibrato, a mí me gustan las voces mediosas y también las rasgadas. Maynard, Michael Lessard, Chino Moreno, Ian Kenny o Brandon Boyd son mis referentes, y muchas veces pienso en si ellos darían el OK a las melodías que construyo, a los giros armónicos, a la colocación de la voz y a la tesitura. Funciono un poco así. En Noah hay bastante densidad sonora y a veces es complicado abrirse paso. Cuando veo que no se puede, simplemente callo y todos tan contentos y cuando creemos que es la voz la que tiene que articular cierta parte, todos se supeditan a la voz. Es un proceso bastante iterativo y que lleva tiempo. Pero estoy muy satisfecho con la calidez que hemos conseguido, me escucho y me gusta lo que escucho. Hace dos años, esto para mí era impensable. Eso sí, sé que puedo hacerlo mejor y lo voy a intentar.


Luego está el idioma, que consigue que las canciones se te peguen a la piel desde el primer momento. Sin embargo, tal vez el castellano os haya limitado a la hora de salir de la península, ¿no?

Esto fue un arduo debate en su momento, que ahora está superado. Ya no vemos a Noah en otro idioma que no sea el castellano. Yo soy castellano-parlante, es el idioma en el que sé decir cosas con cierta carga de profundidad, sin acabar en clichés y en palabras vacías. Tenemos la necesidad de contar una historia no solamente a nivel musical, sino a nivel lírico. Trabajamos las letras con una intensidad que algún día nos explotará la cabeza, pedimos consejos, le damos tantas y tantas vueltas, y lo que nos queda... En cuanto a si nos limita, pues sí, pero Berri Txarrak cantan en vasco y van por medio mundo. Supongo que lo que es bueno es bueno y se abre paso independientemente del idioma que se use como vehículo. Aunque tampoco es así de bonito. Si cantas en inglés, pues te pegas con más bandas y puede que caigas en el mismo saco. Si cantas en inglés, suenas a nativo (no sería ése nuestro caso ni mucho menos), si lo que dices tiene poso, haces una música brutal, una propuesta propia, mezclas cosas que parecían agua y aceite y tienes peña detrás que te saca adelante el tema difusión o tú mismo te pones con tutoriales de neuromarketing y demás porque te va la vida en ello, pues la cosa saldrá antes o después. Ése no es nuestro caso, y por eso nosotros no llegaremos a cosas demasiado altas, pero disfrutamos del lugar que ocupamos y del respeto que generamos allá donde vamos. Nos toman en serio, o eso creo.

Al principio esos guturales de fondo me chirriaban un poco al contraste con una música tan limpia y elegante. ¿Por qué os decidís a incluirlos?

Fue idea mía, de hecho, lo tenía clarísimo. A la gente le ha flipado que los incluyéramos, es la primera vez que alguien me dice que le chirrían, me alegro que por fin alguien diga la verdad [risas]. Simplemente, había una fuerza de la naturaleza subyacente en un clima de sosiego y, a nivel vocal, esa fuerza tenía que emerger por algún lado. Es el grito incontrolable de la rabia y del dolor, de la tormenta que romperá la armonía. Como se dice en Física, en la apertura del disco se respira un equilibrio claramente inestable. Danny Mattingly nos echó una mano y no me cabe duda de que volveremos a incluir guturales de fondo en siguientes trabajos. Espero que te encajen más a la próxima [risas].

No, no, solo fue al principio. A las tres o cuatro escuchas lo encajé perfectamente, tal vez un poco porque entendí lo que dices. Es otro ejemplo de que es un disco al que hay darle unas cuantas vueltas, ¿no? [risas]. Cambiando de tema, tenéis una relación estrecha con los fans, o al menos lo intentáis. Hay un grupo muy interesante, constructivo y aconsejable en Facebook llamado Familia NOAH en el que, aparte de las obvias noticias del grupo, también caben recomendaciones de bandas o discusiones sobre novedades discográficas, principalmente del ámbito prog. ¿Qué es para ti Familia NOAH? ¿Cómo se os ocurrió crear esta especie de ‘club de fans’?

En realidad no es un club de fans, es el lugar para el frikismo en la música, no necesariamente prog. Ya sabíamos que había muchos grupos como estos pero, bueno, a alguna gente le mola enterarse de la intrahistoria de las bandas, de lo que cuestan ciertas cosas y ahí lo vamos explicando. Sé de gente que se está montando bandas y que sacan muchas conclusiones a raíz del grupo de Facebook y luego me preguntan por privado. Hay bandas que salen ahora que nos ponen entre sus referencias. ¿Tú sabes eso lo que es para nosotros? Buffff.

Se nos ocurrió porque, con lo zoquetes que somos nosotros para promocionar un disco, que todavía no sabemos ni promocionar publicaciones y que nos da eso de meter dinero en esa cosa rara llamada internet, igual tener al menos ubicada a la gente que había oído hablar de nosotros y tenía un cierto interés en la banda podía ser una buena idea para darle bombo al asunto. La verdad que da gusto leer las recomendaciones de la gente en el grupo y los debates que se van abriendo, siempre en un tono muy cordial. Es una bonita burbuja de amor y fraternidad, de las que ya no quedan.



“Hautefaye” (autoeditado, 2017). Si el EP homónimo apuntaba algo más que maneras y una forma muy personal de entender el rock progresivo, “Hautefaye” representa un salto de calidad que colma las expectativas más halagüeñas. Bajo la compleja forma de un álbum conceptual de los de verdad –aquí no hay trampa ni cartón, ni coartadas intelectuales de trilero para llamar la atención–, el quinteto desarrolla una historia –la de la aldea francesa del mismo nombre, que en 1870 registró un brote de histeria colectiva– repleta de simbolismo, que funciona como un juego de espejos que entronca con la realidad social de la actualidad. Musicalmente cuidadísimo y preciso, repleto de ideas y detalles, de inteligencia y buen gusto, los 43 minutos de “Hautefaye” se erigen como el ejemplo perfecto para refutar a esos escépticos que piensan que en España vamos varias zancadas rezagados respecto al grueso de las propuestas externas. La narrativa interna del álbum está tan mesurada que aquí no se puede destacar un tema sobre otro: tan estupendo es el tema homónimo como “Coloso”, las dos partes de “43 días”, “Djemil” o el perfecto el cierre de “Shiro”. En definitiva, un disco enorme que pudo no ser, y que, por suerte –o, mejor dicho, gracias al tesón de sus autores–, es una fiable vara de medir para el prog (no solo nacional) circa 2018.



Unas semanas después de tocar en Viveiro, tú, como Juan Giner y no en representación de Noah Histeria, publicaste en Familia NOAH una reflexión muy dura sobre las condiciones económicas que aceptasteis y las distinciones que la organización del Resurrection hace entre las bandas nacionales y las internacionales, cuestionando el apoyo que el festival da a las bandas autóctonas. No sé si fue en caliente y te has arrepentido de tus palabras o quieres aclarar algo…

Me arrepiento totalmente de lo que dije, no porque piense de forma distinta sino por las consecuencias que una reflexión individual mía ha supuesto o puede suponer para Javi, Dani, Salva y Álex. Me sabe mal por ellos, porque siento que les he fallado y eso me mata. Pero he de ser consecuente con lo que he dicho y asumir lo que venga. Me equivoqué al valorar el alcance de lo que dije. Pensé que estábamos en un foro privado y que de ahí no saldría. Pues sí, ha salido, y me han dicho personas cercanas que ha llegado a oídos del Resu. Imagino que sólo les habrá llegado que Noah echó pestes contra ellos y punto, no creo que les haya llegado la literalidad de mis palabras, ni mucho menos. En el grupo de Facebook se generó un debate muy interesante al respecto, con miembros de Persefone y Jardín de la Croix opinando y todo. Tres de Noah me dijeron que chapó a todo lo que escribí, palabra por palabra. Hubo uno que no dijo nada, el más listo, el que sabía de las consecuencias que podían venir.

Me gustaría poder explicarme o pasarle el texto literal a la organización del Resu. Creo que por activa y por pasiva he dado las gracias y me siento un privilegiado por haber podido tocar en el festival. Solo que estaba decepcionado con las condiciones, condiciones que aceptamos, por supuesto, pero eso no quita que estuviésemos decepcionados. Tocar en el Resu nos costó mucho dinero, tener que pedir permiso para liberarnos dos días de nuestros trabajos, con los problemas que eso acarreaba y bastantes más cosas. Y todo lo hicimos con todo el gusto del mundo porque, joder, íbamos a tocar en el Resu. Pero yo pensaba que apoyar el buen producto nacional era una línea editorial, una apuesta de verdad, era lo que siempre me había llegado de ellos. Apoyarlo es dignificar el trabajo que hay detrás de una banda que ha hecho méritos para poder tocar en el Resu, que ha generado el runrún suficiente para que sea interesante que forme parte de su cartel. Apoyarlo más allá de la oferta y la demanda, porque está claro que hay diez mil bandas que darían un brazo por estar donde nosotros estuvimos. Nosotros hemos cumplido un sueño, hubo hasta lagrimitas después del concierto, pero eso no es óbice para que yo reflexione al respecto del valor que se nos dio a nivel económico. Y también quise dejar claro que me ponía en la piel del que lo monta, porque yo también he intentado montar conciertos y a duras penas se les ha pagado a las bandas siquiera el transporte, pero es que no podíamos, poníamos dinero de nuestro bolsillo. En fin, que es complejo, sólo dejé mi reflexión en un foro privado con gente de confianza que nos conoce bien y poco más. Pero no lo volveré a hacer porque por abrir la boca se nos han cerrado puertas que puede que no se nos vuelvan a abrir y los míos no se lo merecen, en todo caso lo merezco sólo yo.

Yo pienso igual que tú. Entendería que la discriminación entre nacional e internacional fuera positiva, por aquello de incentivar el desarrollo del talento local, pero en la mayoría de los casos es justo al contrario: en los carteles de los festivales veo una gran cantidad de bandas que si fueran de aquí dudo muy mucho que pudieran ganarse la vida tocando. ¿Por qué en este país –tan de derechas y autárquico para algunas cosas– somos tan reacios a aceptar la calidad que hay dentro de nuestras fronteras?

Aquí no valoramos lo nuestro en el underground. La reflexión es mucho más compleja y habría que centrarse en cuáles son los símbolos que sí se protegen y cuáles no. Desde luego, el underground aquí es para los raros, los que viven un poco al margen, eso es así. Nos falta infraestructura, no exportamos apenas bandas y no es por falta de calidad, es que faltan plataformas, los sellos tochos no toman en serio a las bandas españolas. ¿Cuántas bandas underground de aquí van con discrográficas internacionales? ¿Angelus? ¿Alguna más? Sin ellas, es imposible hacerte valer para los grandes festivales tanto de allí como de aquí. Los festis de aquí montan sus carteles como lo hacen los festis fuertes de Europa, tiran de las mismas bandas respaldadas por las grandes discográficas, funcionan por paquetes, hablan directamente con ellas y les suministran una serie de bandas que, por el hecho de estar ahí ya tienen un valor.

Yo no digo que las bandas de aquí sean mejores que, por ejemplo, las de Francia. Es que es normal que en Francia haya bandas, digámoslo así, más punteras, innovadoras, porque allí hay más estructura para poder tener expectativas con esto de la música. Pero con Youtube y Spotify, todos partimos de la misma base, tenemos el mismo acceso a la cultura y eso ha hecho que aquí, que a nivel cultural venimos de un páramo de cuarenta años, que se dice pronto, se esté haciendo música brutal. Pero no hay una discográfica fuerte en el underground, no hay nada con fuerza en Europa, y así es imposible competir. Y si no vales nada en Europa, tampoco lo vales aquí. Evidentemente, los festis de aquí tiran de bandas nacionales porque están al ladito, porque todo el mundo se muere por estar en el mismo cartel que sus ídolos extranjeros y porque les puedes pagar calderilla, asegurándote un formato de festival non-stop con cinco escenarios. Eso es así, y no digo que todos los festivales lo hagan así, pero creo que estaremos de acuerdo en que se puede generalizar. Habrá muchos que pierdan pasta o vayan justitos y, oye, perfecto, haz lo que puedas y tira de bandas nacionales porque te arreglarán un poco el balance. ¿Pero que lo hagan festis de más de quince años y tremendamente consolidados? ¿Es que no se dan cuenta que poner la etiqueta de banda nacional es asociarte con la morralla, lo que nos va a costar dos duros? Poneos a elegir la banda nacional que más os mole, sea cual sea, te la traemos, total, traer a cuarenta igual nos cuesta lo mismo que esta americana o esta otra sueca... Así no se puede.


Diría que lo que ha marcado la entrada en el prog moderno es eso que se ha dado en llamar ‘djent’ y también un sonido más limpio y acorde con las posibilidades del software de grabación que dan los tiempos. ¿Qué dirías tú que ha marcado el prog en los últimos años? ¿Qué te parece la situación actual? ¿Ves creatividad en el estilo?

El djent ha sido un boom pero, como todo boom, funciona como ráfaga, se apaga enseguida. El djent es un subgénero de un subgénero y son muchas las bandas que han venido detrás y se han pensado que esto venía para quedarse. Pues pese a ser un estilo que apenas tiene nada de tiempo, las bandas que se han puesto a copiar a Vildhjarta ya suenan desfasadas. Renovarse o morir, amigo. Llegaban las 8 cuerdas, todo el mundo con 8 cuerdas, y ahora llegan Polyphia, Chon y vuelta a las 6 cuerdas y comprimidísimos. Nueva hornada de guitarristas virtuosos, en fin, esto es un no parar y uno ya no puede estar al día en esto del prog.

Pero sí, el djent ha cambiado las reglas rítmicas, las afinaciones, bandas que bebían mucho delo prog de los 70 y 80 se han encaminado al djent sin perder su esencia, otras han cogido cosas del black y del death y también lo han mezclado con djent. Aquí la influencia de Meshuggah no está pagada, y probablemente ellos sean los que menos trozo pastel se estén comiendo, ¡qué cosas! Nosotros también tenemos djent pero, pese a que nos tira más que dos carretas, nos hemos resistido bastante a imbuirnos en él.

En cuanto a bandas, diría que Leprous es la que más ha hecho en los últimos años por tener una voz propia, y también Ihsahn me parece un maestro en lo suyo, es muy versátil y tiene una excelente visión de conjunto. En lo que a ti respecta, The Contortionist te han marcado bastante, ¿verdad?

Me encantan Leprous e Ihsahn, y eso que Leprous no me acabaron de entrar de primeras, pero veías que tenían algo, que algo había que te atraía y, al final, he caído rendido a sus pies. Me parece aplastante lo que hacen, sello propio total, han inventado algo nuevo, han cambiado las reglas, han hecho prog basado en el black, se han convertido en banda de culto, no hay nadie que hable mal de ellos y, sin embargo, están triunfando como la espuma, curiosamente mucho en España, ahí Madness Live! ha tenido mucho que ver porque les has traído una y otra vez. Ihsahn es el maestro, el cuñado de Einar, un fenómeno de la naturaleza, el cerebro de Emperor y el que hizo que se salieran del black para hacer, con todas las letras, black progresivo, sin ambages. Cada trabajo que saca suena fresco, innovador, rompedor.

Y The Contortionist no me han marcado bastante, me han marcado a fuego. Para mí son los números uno, insuperables. No creo que jamás escuche un disco que me guste más que el “Language”, que me cale tanto. No tengo palabras para describir lo que significan para mí y lo que supuso coincidir con ellos en el hotel que nos puso el Resu y charlar con Michael Lessard. Me tiraría horas y horas desgranando su música y no lo voy a hacer aquí [risas].

¿Recomendarías alguna banda más? ¿Nacionales?

Bufff, eso es abrir la caja de pandora [risas]. Mi banda favorita de aquí es Eric Baule. Muchas veces me pongo su camiseta en los conciertos, siento un enorme orgullo de haber tocado con ellos y también con Firmam3nt, banda que ya no está en activo. Son las dos bandas que más me han impresionado en directo compartiendo escenario. Me encantan Dry River y Jardín de la Croix, con las que también hemos tocado. Y nos queda pendiente hacerlo con Quaoar, que creo que cerraría mi TOP 5 de bandas favoritas en España. Pero te podría decir muchas muchas más que son fantásticas como Munmira, Persefone, Le Mur, Carving Colours, Pürpura, nuestros papis de Morgana vs. Morgana, Our Next Movement, Lost Minnow, The Holeum, Pervy Perkin... Recomiendo muy mucho también a Kai Mars, banda de la que me siento especialmente orgulloso. Y, por supuesto, Bones Of Minerva, que me volaron la cabeza en su momento. En realidad me dejo un montón, esa pregunta no se hace.

Y la última… Supongo que cuando terminéis esta gira empezaréis a preparar el próximo disco, que obviamente tardará en llegar. Habéis hablado de darle una continuación a “Hautefaye”, de que tenéis algún tema terminado e ideas que desarrollar. ¿Qué podemos esperar de esta segunda parte? ¿Vais a explorar otras facetas musicales o aún es un misterio para vosotros?

Donde nos lleve el viento. Lo que sí sabemos es que no va a ser musicalmente hablando una segunda parte de “Hautefaye”. “Hautefaye” ya está hecho, ahora a explorar algo nuevo, sin perder la identidad, pero a nivel sonoro, a nivel riffístico, a nivel de atmósfera va a ser algo muy distinto, o al menos ésa es la idea. Lo que sé es que la prueba del algodón serán los palos que nos den. Si no nos dan palos diciendo que nos hemos vendido, que el anterior era mucho mejor, etcétera, etcétera, es que no habremos hecho algo distinto, que llame la atención. Queremos llamar la atención y que cueste escucharnos, que cueste pillarnos. Habrá gente que con una escucha pasará de nosotros y otra a la que igual no le mola demasiado de primeras pero hay ese algo que te hace volver a darle al play, y volver a darle. Vamos a buscar a ese segundo tipo de oyente, como hemos hecho siempre.

Noah Histeria son:
Juan ‘Doc’ Giner: voz
Álex Alonso: guitarra
Salvador Párraga: bajo
Javier Badía: piano, sintes, coros
Daniel Torregrosa: batería
  

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