CRÓNICA

PI L.T.
Pi L.T., Hiena
13 de Mayo de 2017 por Jorge Azcona Sala Jimmy Jazz, Vitoria 1936 lecturas

Para quienes llevábamos tantos años esperando este momento puede que cuatro meses sean una tontería, pero lo cierto es que desde el anuncio de reunión de PI L.T. y su posterior confirmación de cinco fechas exclusivas éstas estaban marcadas en rojo en nuestras agendas.

La de Vitoria arrancó a cargo de los locales Hiena, que con una propuesta a caballo entre la profundidad del post-rock y lo rocoso del stoner fueron presentando algunos de los temas de su primer disco "Otsoak ere ez du bere haragirik jaten", irónico título traducido como "Ni siquiera el lobo come de su propia carne". Gustándome más en la segunda faceta y aún con bastante recorrido por delante, he de decir que esta fusión de estilos sonó de lo más natural.





En cuanto a PI L.T., la mala noticia llegaba unos días antes del concierto de la mano del propio grupo. Txarlie Solano no podría acudir a la cita y tendrían que volver al formato cuarteto para esta última fecha en salas. Por un lado, escuchar al grupo con dos guitarras y en una formación exclusiva suponía un plus añadido al que ya supone de por sí esta gira. Por otro estaba el factor sentimental y más importante, ver encima de las tablas a todos los componentes que han pasado por la banda a lo largo de su trayectoria no tiene precio.

Lo que en el resto de fechas fue un constante cambio de instrumentos entre David y el propio Txarlie en función de la época a la que correspondía cada canción, hoy sería el bajista de Berri Txarrak el encargado de las cuatro cuerdas a tiempo completo. Una verdadera lástima que quedó en anécdota en cuanto empezó a sonar "Automatak bezela". El sonido perfecto solo sería el adorno para unos temas que se bastan para respirar por sí solos, desde la oscuridad que desprende un disco como "Denbora", con el tema inicial o "Hotzez minduta", hasta "3", un disco más luminoso y electrónico que se vio representado en esta primera toma de contacto con "Errautsak" o "Zuloa". Entre medias, incluso un disco menos popular e inspirado como "Game Over" dejó pinceladas que no podían faltar en una cita como la de hoy. Mientras que "Erreparatzen" mostró la cara rockera que nunca tuvo PI L.T. hasta entonces, "Kontu okerra" ponía los pelos de punta en uno de sus temas más íntimos y personales.  

Y es que si en una reunión de este tipo la elección del setlist es algo fundamental, el resultado no pudo ser más satisfactorio. Todos los discos tuvieron su pequeño hueco, y a pesar de que la etapa que formaron los citados “Denbora” y “3” fue la más recurrida de la noche el repertorio estuvo muy equilibrado. A veces evocando épocas concretas, como la de “Minus” en la parte central del concierto, y otras pasando de temas como “Eskutitza NY-tik” a reliquias a lo “Iraganaren bila”, no hubo ningún momento en el que decayera el show. Es más, la coherencia que muestra una discografía tan diferente no hace más que reafirmar la personalidad de una banda como esta.





Las canciones eran las protagonistas, pero no menos que un grupo siempre agradecido. La sensatez e imagen más clásica de Rafa contrasta con la locura personificada de Aitor Abio, exactamente igual que cuando los vi allá por el 2000. Por su parte, David se postula como uno de los mejores bajistas del país mientras que Xanpe, a pesar de pasar más desapercibido, actúa de motor imprescindible del combo. Quizá sean paranoias o la exaltación propia del momento, pero creo que juntar perfiles muy diferentes fue clave para la creación de un grupo tan adelantado a su tiempo. 

No hay mayor ejemplo que “Hil da jainkoa”, igual de fresco y novedoso en pleno 2017 y que llegó sin ningún tipo de presentación. Golpe de batería y el teclado conocido por todos, algo mágico. Momento eufórico que se alargaría en “Jo!”, con un Aitor contagiado y pegándose un baño de masas. Y sin apenas pisar camerinos para la típica pedida de bises caería el trío final; una “Denbora” que quizá hubiera encajado mejor en la parte central, “Erraietatik” retrocediendo una vez más hasta 1996 y “Segundu bat”.

Aquí parecía que llegaba el final, hora y media después y con un set idéntico al del resto de fechas, pero en una especie de regalo a los fans (o a ellos mismos viendo sus caras de satisfacción) decidieron dejar una perla más en forma de “3”, corte final del disco de mismo nombre. Muy parecido a lo que habíamos visto durante “Jo!”, sirvió para cerrar definitivamente apelando a la locura.

Un abrazo fundía al grupo en el escenario mientras un pensamiento recorría la sala al mismo tiempo. "¿Volverán algún día?" Apenas han pasado un par de días y ya se os echa de menos.

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