• Un adiós tan inesperado como inoportuno

    Publicado el 25 de Julio de 2017 por Jorge Azcona
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    Un adiós tan inesperado como inoportuno
    Mucha gente se pregunta estos días cómo es posible lamentar la pérdida de alguien al que no has conocido en toda tu vida. Puede que esto sea algo tan difícil de llegar a sentir como de explicar con palabras, pero la repentina noticia del suicidio de Chester Bennington seguramente haya sido el bautismo negro de toda una generación que aún no había llegado a sentir un vacío como este.

    Los que llevamos tantos años en esto de la música hemos "vivido" muertes de todo tipo; esperadas (Dio, Lemmy), inesperadas (Cornell sin ir más lejos), e incluso mucho más cercanas si nos atenemos al factor sentimental (Dimebag Darrell). Sin embargo, y en lo que a mí respecta, creo que la de Chester ha sido la que más me ha llegado a impactar. Aquí es donde entra en juego ese factor emocional llamado componente generacional y que algunos ven como una mera coincidencia temporal. No, no lo es.

    No lo es porque en una centésima de segundo tu mente retrocede diecisiete años y vuelve a una época en la que el mundo era tan diferente. Tú un chavalín influenciable sin preocupaciones de ningún tipo, el panorama musical en pleno apogeo comercial. Es en estas donde el nu metal, estilo que encuentra en la suma de estas dos variables la fórmula perfecta, ve nacer a uno de sus máximos estandartes. Linkin Park era el grupo con el que todo joven que estaba iniciándose en el mundillo se sentía identificado, e “Hybrid Theory” la banda sonora de esa adolescencia. Casi dos décadas después has vivido muchas cosas, has escuchado muchísima más música y vuestros caminos tomaron rumbos diferentes en un momento dado, pero es en este mismo instante cuando te das cuenta que la conexión sentimental había permanecido intacta. Hasta hoy.

    La muerte de Chester ha sido una de esas que nadie espera. Al menos ahora. A pesar de que sus problemas personales (adicciones actuales y abusos en la niñez) fueran vox pópuli, su figura siempre había estado más cerca del boy band de anuncio de televisión que de la típica estrella de rock que vive al límite. “One More Light”, su polémico y nuevo disco, apenas llevaba un par de meses en la calle, y a pesar de romper definitivamente con los fans de toda la vida había colocado a Linkin Park en su momento más alto de popularidad. Estar arriba en las listas de grupos de pop y seguir encabezando festivales de metal no está al alcance de cualquiera, y aunque creo que lo segundo tenía fecha de caducidad, esto es algo que ya nunca sabremos. Por último, seguro que el shock es aún mayor para los miles de personas que hace tan solo un mes lo veíamos en la Caja Mágica de Madrid abrazado a la gente mientras sonaba la versión en piano de “Crawling”. Lo que antes era un gratuito baño de masas, ahora se convierte en una estampa simplemente estremecedora.

    Con la muerte de Chester no solo se apaga la voz de Linkin Park, sino la de toda una generación. Al mismo tiempo que se muere un pedacito de nosotros y, por qué no decirlo, también de Zona-Zero.


    Jorge Azcona