CRÓNICA

Rabolagartija Festival
Narco, Dubioza Kolektiv, Talco, Natos Y Waor, Funkiwis
15 de Agosto de 2019 por Vicente Madrigal Villena (Alicante) 613 lecturas

Ahora que septiembre comienza a acercarse y vemos la rutina amenazar al verano, nada mejor que volver atrás una semana para recordar lo que dio de sí el festival Rabolagartija en su quinta edición, la cual será recordada por colgar el cartel de "sold out", por el viraje cada vez más claro a sonidos más suaves y, por supuesto, por repetir el buen rollo vivido una semana antes en el Leyendas.



JUEVES La bienvenida al festival nos la iba a poner Punkalorro, proyecto paralelo de Ricky (bajista en Fuckop Family) junto a Raúl Micó, un talentoso cantaor flamenco y natural de Villena. Se dedicaron a poner a bailar al tempranero público a golpe de zapateo (que no zapatilla) con versiones flamencas de clásicos del rock y el punk como "Jesucristo García", "No Somos Nada" o "Enamorado De La Muerte" de R.I.P.. Son de esas curiosidades que no pueden pasar inadvertidas en un festival y que vienen como anillo al dedo a una hora más de café o helado que de cerveza o calimocho.

La principal cita de la tarde nos iba a llevar hasta el escenario principal para ver el fantástico directo que tienen Talco. Es de los grupos que no cambia su esencia toque donde toque, y en eso es donde siempre aciertan. Volvieron a reivindicar todo lo reivindicable, pero sobre todo hicieron saltar y cantar a todo el mundo. Y por cierto, pese a quien le pese, nadie puede interpretar "Bella Ciao" mejor que ellos.

Tras Talco llegaron Dubioza Kolektiv, quienes no solo sorprendieron, sino que regalaron uno de los mejores conciertos del festival, por no decir el mejor, al menos para el que escribe. Su actuación se compone de dos vertienes: una, hacer bailar a todo el mundo con trucos dignos de cualquier artista electrónico o de baile; la otra, tocar con una instrumentación totalmente analógica y mostrando al mundo lo que viene a ser el folklore bosnio, que no dista mucho de otros de aquella zona: mucho alcohol y bailes etílicos, así en general. Todo eso podría sonar a cliché de festival hippie si no fuera porque en su música se palpan detalles de punk, rock, ska, electrónica y reggae, y además todos sus integrantes se dejan la piel en animarnos, como si fuera el primer concierto de nuestras vidas. En cuanto acabó aquello quise volver a verlos de nuevo, y eso que ya habían venido en 2017. Que repitan las veces que quieran.

Tras tremenda fiesta, el pop tranquilo y de raíces sudamericanas de Morat inundó el escenario contiguo, poniendo paciencia y momentos de corear al unísono junto a sus miles de fans que gritaban enloquecidas cada uno de los temas del joven grupo colombiano. Tras ellos volvió la rabia, esta vez en forma del hip hop agresivo de Natos Y Waor, quienes por cierto sonaron atronadores, algo a destacar cuando se actúa a base de vinilos y no de guitarras. Por desgracia sufrí el solape de su concierto con el de Alademoska, otro grupo local e imprescindible para cualquiera que los conociera y que quisiera viajar en el tiempo unos cuantos años. Lo mejor del escenario pequeño, que se estrena este año en el Rabolagartija, es poder tener formaciones pequeñas o conocidas a inferior escala. Por desgracia en muchas actuaciones dicho escenario no funcionó como se esperaba, pero desde luego Alademoska fue una de las excepciones al reventar aquello de público y ponerlos a todos a bailar su ska.

Nuestra despedida del jueves iba a venir de la mano de Funkiwis, una agrupación valenciana de hasta ocho componentes que combina (obviamente) funk y rock con bajo a lo Pepe Bao y que dejaron muy claro que un hueco en el escenario principal les habría hecho triunfar con honores, con toda probabilidad. Acaban de editar su cuarto disco, "Baile De Buitres". Merecen la pena para quien guste de este rollo. Con un escenario principal lleno y hechizado por el reggae de Green Valley nos iba a tocar despedirnos hasta el día siguiente si queríamos sobrevivir.


VIERNES
El primer plato fuerte de la segunda jornada eran Los De Marras. Son unos clásicos de los festivales alicantinos y no suelen faltar, ya sea Rabolagartija, Aupa o Marearock. La parte buena es que con sus dos o tres grandes temas (por ejemplo la famosa "Hoy") la gente se viene muy arriba. La parte mala es que todos nos sabemos el directo de memoria, y nunca está de más dar paso a otras formaciones más jóvenes de punk que piden a gritos una oportunidad.

Otra de las grandes sorpresas y actuación destacada del festival fue Iseo & Dodosound, un dúo chico-chica de Navarra que pusieron los graves a temblar en el escenario principal, cuando la gente ya empezaba a llenar el recinto. El reggae-dub de Dodosound mezclado con instrumentos de viento y la voz de Iseo hacen de su directo una fiesta en la que participa activamente el público, porque ya se sabe que a veces es la fiesta de abajo del escenario la que hace brillar lo que hay arriba. Otros que se han ganado tener las puertas del festival abiertas de par en par, para cuando quieran volver.

El ya mítico bolo de Boikot volvía a hacerse con las riendas del escenario principal, esta vez con una novedad, la de Judith Mateo, quien puso los violines a las canciones de siempre del grupo madrileño: "Inés", "Cualquier Día" o "Hasta Siempre, Comandante" suenan mucho mejor con una violinista de ese calibre y con el equipamiento que suelen llevar, y a la gente le encanta su directo, ya lo vean una o diez veces. Mucho más interesante y novedosa era la visita de Gogol Bordello, que se llevó una de las peores entradas de público de los tres días. Ver para creer. Seguramente el desconocimiento general, además de un sonido bastante regulero, dio con los neoyorkinos casi en familia e hizo que su gypsy punk no luciera con toda la fuerza que se esperaba. Aun así, los que se quedaron se dieron cuenta de que su propuesta no andaba tan lejana a la de Dubioza Kolektiv, solo que Gogol Bordello tienen un punto menos moderno. Quien los vio disfrutó y se fue bien contento.

Con la noche ya encima, tocaba pasarse por el escenario pequeño, llamado "Caparrilla" Stage, para ver primero la actuación de Poncho K, que tienen ese toque melancólico de unos Extremoduro en un día lluvioso, salvo cuando tocan "Manolito Caramierda", que es una excepción en su discografía  y que precisamente ayuda a todo el mundo a reconocer el grupo de Alfonso Caballero, su frontman y fundador. Tras ellos, Valira se presentaban en el festival sin hacer mucho ruido, aunque con la premisa de ser Juan Zanza, guitarrista de La Raíz, el dueño de este nuevo proyecto. Tocan un indie rock más potente que el sonido de su anterior banda, que no se hace pesado pero tampoco destaca más allá de pasar un buen rato escuchando su directo. Les queda mucho por andar.

La traca final se veía venir ya con la llegada del Zatu y Acción Sánchez, quienes tiraron de cero alardes y cero espectáculos, y se limitaron a hacérselo pasar bien a la gente, tanto con música como con rimas. Si no fuera porque La Excepción rozaron el nivel supremo el último día, el de los sevillanos SFDK habría sido de largo el mejor concierto de hip hop del festi. Un setlist de sus grandes temas, destacando por ejemplo "Cara B" o una espectacular "El Niño Güei", se alternaron con otros más modernos como "Orgullo Banderillero" o la gran "Los Funkcionarios" haciendo que la química con el público fuera altísima. Desde luego cuando hay experiencia se nota, y aquí no faltaba, todo lo contrario.

Para acabar la noche quedaba la tralla. Narco empezaron subiendo los decibelios con "Suicídate" y mantener ese ritmo iba a ser difícil, pero se puede decir que lo consiguieron. No fue el mejor día del grupo en general, no porque ya no esté Vikingo MD (aun así se le echa de menos) sino porque los nuevos temas de "Espichufrenia" necesitan del 200% de la energía de los sevillanos, y unas veces cuesta más que otras. Aun así, basta con intercalar algunos temas del "Dios Te Odia" u otros más míticos como "Por El Estrecho" y que el subidón sea el suficiente como para explotar con una enorme "Yoni El Robot", que suena mil veces mejor y más fresca en directo que en estudio, prácticamente como todo el "".


SÁBADO Nuestro último día de Rabolagartija iba a empezar con Benito Kamelas, que se cambiaron el horario con La Excepción en el último momento y pillaron con el paso cambiado a muchos que no habían comprobado las redes sociales. Aprovecharon el tema "He Decidido" para hacer un alegato a favor de la libertad de expresión, nombrando a artistas que han visto cómo entes públicos les cancelaban conciertos previamente contratados y sin demasiada o ninguna lógica, como Def Con Dos o Rozalén. No fueron los únicos, aunque sí fueron de los más decididos y claros en hacerlo y posicionarse sin ningún atisbo de duda.

El punk rock de los valencianos vino como la seda para allanarle el camino a La M.O.D.A., quienes iban a romper definitivamente las cifras de público el escenario grande dándonos la mejor entrada de la tarde. Los burgaleses son unos de los grupos más beneficiados por la deriva más buenrollera y ecléctica que está tomando el festival, y su punk-rock bañado en folk de guitarra acústica entra como la seda en estos festivales de verano. Nos vino bien también escuchar cómo suena "Salvavida (De Las Balas Perdidas)" en vivo, aunque de todas formas ya vinieron el año pasado.

Aunque los más alternativos nos resistamos a creerlo, todo estilo de música tiene sus entendidos y sus matices. Rozalén cautiva sobre todo a los que no casan con estilos y van al pop más natural y nacional, por mucho que para otros solo suene a etiqueta comercial. Su directo es, valga la redundancia, más natural que el de muchos que giran este verano por España, nos guste más o menos a los que no tragamos este tipo de sonidos. Después le tocó el turno a Juanito Makandé, que tuvo la misión de poner en lanzadera de despegue a todo el recinto y prepararlos para las fiestas finales que se venían, convirtiendo precisamente su bolo la primera de ellas, casi sin darnos cuenta.

Antes de acabar a lo grande, fuimos a tomar aire al escenario pequeño donde tocaba Sandra Bernardo, natural de Madrid y cercana a sonidos latinos como la cumbia y la bossa nova, pero que ella interpreta con banda al uso (batería, guitarra, bajo). Su directo fue de menos a más, tal como ella advirtió al comienzo, dejándonos llevar por el relax de su propuesta al principio, para acabar al final a grito pelado con la batería y la guitarra desbocadas, algo que no nos esperábamos aun estando avisados. Una gran sorpresa de concierto, en general.

Ahora sí empezaba el comienzo del fin de la quinta edición del festival. Zoo son muy habituales en cualquier evento musical que se precie alrededor de la Comunidad Valenciana, lo cual es buena noticia porque no suelen decepcionar, aunque es mala porque deja a la banda con pocas o nulas posibilidades de sorprender con propuestas diferentes a otros años. Si el año pasado se trataba de la edición de tarde, esta vez fue la de noche, con más luces, más fiesta, más buen rollo y más subidones raveros. Esperamos con ganas un nuevo disco que coja el testigo a "Raval" y que de paso les dé un poco de variedad en sus conciertos.

El saber hacer y las tablas que tienen La Excepción son innegables. No es que la visita de El Langui en solitario el año pasado distara mucho de la de este con toda la panda, pero hay que reconocer que pusieron el escenario y al público patas arriba, y que conectaron como casi ningún grupo lo había conseguido durante esos días. Enfundado en una camiseta del Sao Paulo, El Langui estuvo desatado y buscó en todo momento la conexión personal con la gente, de tú a tú, con cada uno de los que habíamos allí. Puedes ser muy fan de ellos, o bien conocer dos o tres temas suyos, pero es algo que no va a importar en absoluto. Sin El Gitano Antón y el resto del grupo no es lo mismo, así que nos alegramos mucho de su vuelta al completo.

La última cita del festival la iba a poner Mafalda. Si bien hace unos años en sus comienzos se basaban mucho más en el rock y comenzaban a guitarrazo limpio, esta vez el rollo iba ser más equilibrado, con un poco de todo, en compás a otros artistas de la noche. Metieron beats y caña a partes iguales para hacer mover y saltar con sus himnos feministas a la numerosísima gente que abarrotó el escenario. A lo mejor su último álbum, "Palabras Forman Caos", no tiene el mismo punch que los anteriores, pero el llenazo que tuvieron a altas horas de la jornada dejó claro que poco importan los discos si hay música y ganas.

Y con todo esto nos despedimos hasta el año que viene, porque parece obvio que seguirá habiendo Rabolagartija, y que Villena no quiere perder a las hordas de jóvenes confusos que asolan la ciudad durante agosto, y que dejan muy buen cuerpo, tanto a los que ganan un poco de dinero como a los que aprovechan para disfrutar de la vida, que son dos días. Ahora sí, que venga septiembre y lo que tenga que venir, que ya estamos preparados.


Fotografía: Facebook Oficial Rabolagartija

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