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 Sólstafir

CRÓNICA

Sólstafir + Myrkur + Árstíðir
Sólstafir, Myrkur, Árstíðir
23 de Noviembre de 2017 por Jorge Azcona Sala Santana 27, Bilbao 439 lecturas

Quienes ya tuvimos la oportunidad de ver a Sólstafir este mismo verano en el Download de Madrid supimos desde un primer instante que ese no iba a ser ni el lugar ni el momento más apropiado para poder disfrutar de la música de los islandeses. Mientras que el calor, las aglomeraciones y la luz del día pueden llegar a ser aliados perfectos de determinados estilos musicales, no cabe duda que también son grandes impedimentos para poder conectar con una propuesta tan íntima y personal. Por suerte, unos meses después y de la mano de Resurrection Fest, llega una gira en la que no solo son los protagonistas del cartel, sino que todo parece estar pensado para disfrutar del quinteto en su máxima expresión. ¿Hay acaso mejor escenario que el de una sala a las afueras de la (casi) siempre gris ciudad de Bilbao una noche de noviembre?

Los también islandeses Árstíðir fueron los encargados de inaugurar el cartel al igual que en toda la gira europea, y si ya de primeras fue arriesgada la idea de incluir un grupo de neofolk nórdico en el pack esto se confirmó en cuanto el ahora trío desvirgó su set con "Himinhvel". Arropados tan solo por dos guitarras y un piano de forma totalmente acústica no se puede negar lo impecable de su propuesta, pero tampoco que ésta estaba un poco fuera de lugar hasta en un día como el de hoy.

Tan solo lograron conectar algo con el público en un tramo final que casualmente coincidió con temas en los que su música, hermosa pero totalmente desnuda, se vistió un poco más. Hablo de la colaboración de Grimsi de Sólstafir tras los parches en un tema inédito o "Shades", algo más arriesgado y con el que se despidieron. Un experimento que tuvo más sentido conceptualmente que en forma.

Lo de Amalie Bruun es un caso curioso, más allá de su carrera en solitario ha pasado de ser una completa desconocida fuera del circuito black a estar en boca de todos en cuestión de meses. La culpa de verla de repente entre lo más destacado del año la tiene "Mareridt", un disco que gracias a su incursión en terrenos folkies está consiguiendo llevar el nombre de Myrkur al mainstream y en definitiva, a estar en giras como esta. Su directo fue un reflejo de todo ello, y diría que casi la totalidad de la sala (floja entrada siendo un jueves, también hay que decirlo) estaba impaciente por ver a la danesa, aunque solo fuese por curiosidad.

El set, aunque ligeramente orientado hacia este último álbum, mantuvo bien el equilibrio con "M" y gracias a ello pudimos disfrutar de las dos facetas que caracterizan su voz y de comprobar que su mala reputación en directo no es tal como la pintan. A pesar de ello, de la teatral manera de abrir y cerrar con las capellas "Mareridt" y "De Tre Piker", y de que temas como "The Serpent", "Onde Børn" o "Måneblôt" sonaran más que convincentes recuerdo el momento en el que descubrí a Myrkur mucho más impactante.

Con Sólstafir pasa todo lo contrario. El combo islandés es todo un ejemplo de constancia, tesón y sobre todo paciencia en cuestión de llegar al sitio donde merecen estar, precisamente la mayor virtud de sus canciones. Si a esto le sumamos una evolución tan interesante y coherente como la que la banda está llevando en sus últimos discos el resultado solo puede ser el momento dulce en el que se encuentran actualmente.

El sutil inicio de "Silfur-Refur" fue el punto de partida de un viaje en el que "Berdreyminn" fue el principal protagonista, regalando momentos tan bellos como el de "Ísafold", el estreno de "Hula" en su primera gira oficial (menudo acierto), o "Bláfjall", donde Aðalbjörn Tryggvason nos habló de la depresión y las consecuencias que un problema como este conlleva, un discurso tan recurrido últimamente como necesario.

Por otro lado, la actitud de la banda (mención especial para Ragnar Ólafsson y Svavar Austmann, teclista y bajista respectivamente) y el sentido del humor que derrocharon en la última parte del show chocan con esa imagen que tenemos asociada a la de una banda de ¿post-metal atmosférico? venida del norte y que creo que buscan precisamente eso, escapar de cualquier tipo de etiqueta. Al igual que su música.

El dúo compuesto por "Ótta" y "Lágnætti" formaron otro de los momentos etéreos de la noche, de esos en los que la banda es capaz de hacer hablar un lenguaje universal a través de cuatro notas, y aunque los más nostálgicos también tuvieron sus minutos de gloria con "Fjara" o "Goddess Of The Ages" me temo que estamos ante uno de esos grupos con la mirada ya solo puesta en el horizonte. En definitiva, uno de los carteles más atractivos de la temporada (otoñal, como no podía ser de otra forma) y sobre todo, con una banda en su mejor momento.

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